Escuchando a Silvio particularmente mi canción favorita de él “Sueño con serpientes“, al principio incluye una frase, la cual – al igual que la canción – siempre me hace estremecer. De ahí que el sábado me topara casualmente con un artículo sobre Brecht. Quiero conocerlo más, así que por aquí empiezo y lo comparto con ustedes.

Bertolt Brecht: El gran inconforme
David Psalmon
A 50 años de la muerte de este clásico de la dramaturgia contemporánea, se recuerdan su vigencia y su incansable lucha por un mundo mejor.
No encuentren natural lo que ocurre siempre
Pues en tiempos de desorden sangriento
De confusión organizada
De arbitrariedad consciente
De humanidad deshumanizada
Nada debe parecer natural
Nada debe parecer imposible de cambiar.Bertolt Brecht, “La excepción y la regla“, 1930
¿Cómo resumir en unas cuantas palabras la vida y la obra de uno de los dramaturgos más prolíficos y más controvertidos de la historia del teatro, sin caer en la banalidad o en los lugares comunes?
Cualquier enciclopedia, cualquier buscador de internet repite incansablemente que Bertolt Brecht nació en 1898 en Augsburg (Baviera), y murió en Berlín el 14 de Agosto de 1956, a los 58 años de edad, durante un ensayo de “La vida de Galileo”.
Que fue movilizado como enfermero en la Primera Guerra Mundial, experiencia que lo impacta al punto de hacerle abandonar sus estudios de medicina y de impulsarlo a escribir teatro.
Que fue reconocido muy precozmente, primero por su poesía (la cual escribe desde los 13 años, y publicó desde 1914), luego por sus primeras obras teatrales de “carácter impresionista”, como la sorprendente “Baal”, que escribe a los 20 años, y “Tambores en la noche”, que le vale el premio literario más prestigioso de Alemania, el premio Kleist, en 1922.
Que si bien es cierto que el expresionismo tuvo una clara influencia estética sobre su teatro, es también innegable que Brecht rechazó por completo este movimiento que consideraba como oportunista y pequeño burgués, incapaz de reflejar las necesidad de su época.
Que en 1923 empieza a trabajar como consejero literario del famoso Marx Reinhardt en el Deutsches Theater de Berlín, la capital del teatro. Podríamos seguir acumulando las fechas y los acontecimientos correspondientes, pero es preciso detenerse en 1926, año en el Bretch tiene probablemente el encuentro más importante de su existencia: conocer a Karl Marx.
No en persona, porque Marx reposa desde 1883 en el cementerio Highgate de Londres, sino sus escritos, y más precisamente “El Capital”. La obra de Bretch, que hasta la fecha podría ser considerada, según los propios términos del autor, como una “crítica nihilista a la sociedad burguesa”, toma un giro espectacular.
Brecht encuentra en Marx la respuesta a muchos de sus interrogantes. Su estética se radicaliza. Su teatro se politiliza. De ahora en adelante, Brecht emprende la transformación integral del teatro, no tan sólo de los temas abordados en sus obras, sino de la misma estructura del texto teatral (la vuelve fragmentaria); el acto (lo quiere consciente, capaz de razonar y no sólo de sentir), y del público (lo quiere activo y no simple consumidor).
Brecht pretende y se aferra a crear un teatro a la medida de su tiempo, un teatro decididamente capaz de transformar la realidad. El sociólogo alemán Fritz Sternberg decía de Brecht que era “el único escritor alemán enteramente construido por el siglo 20”.
Su obra es inseparable de los acontecimientos que sacudieron Europa en el Siglo 20, de las dos guerras mundiales, de la toma de poder de los nazis, del conflicto Este-Oeste y de esta voluntad de unirse a la vez contra el imperialismo capitalista y por la construccion de un mundo socialista. Una realidad que indudablemente ya pertenece al pasado.
Surge entonces una pregunta esencial: ¿cómo puede seguir vigente una obra que tenía como objetivo el traducir los conflictos y las luchas de los hombres de un tiempo históricamente determinado?
Sirva decir que muchos ya habían predicho y decretado el entierro del teatro brechtiano, argumentando que que la problemática desarrollada por Brecht había caducado por completo desde la caída del Muro de Berlín y la llamada “muerte del comunismo”. Parece que la historia no lo decidió así, ya que la obra de Brecht sigue más viva y más vigente que nunca.
¿Cuál sería entonces la explicación? Seguramente mucho más sencilla de lo que aparenta: porque si bien parece haber desaparecido la alternativa que el comunismo encarnaba en Brecht, el sistema de explotación del hombre por el hombre se encuentra en un estado de excepcional salud.
Vale citar dos ejemplos: el 20 por ciento de los países más ricos posee una riqueza 150 veces superior al 20 por ciento de los países más pobres, una brecha que se ha duplicado en los últimos 40 años, y México es uno de los 11 países con la riqueza peor distribuida, o sea, uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. En tal situación, ¿cómo la obra de Brecht podría dejar de ser vigente? Desafortunadamente, lo es más que nunca.
Brecht se ha vuelto un clásico, es indudable. Pero de estos clásicos cuyo pensamiento y acción armonizan, cuya obra si bien merece su lugar en todas las bibliotecas del mundo, lo merece también entre las manos de los que quieren, hoy en día, seguir luchando por mejorar el destino de los más oprimidos.
Porque si bien nos puede maravillar su gran calidad literaria, la perfección de su composición dramática, la belleza de sus versos, la eficiencia de su humor, lo que, más que nada, caracteriza a Brecht es su inconformidad y su incansable lucha por un mundo mejor. Por eso mismo, Brecht debe seguir incomodando a los que quieren seguir con las riendas del poder en las manos. Es la condición sine qua non de su vitalidad.
Decidamos lo que decidamos, finalmente sobre Brecht, es preciso subrayar la concordancia de su pensamiento con los grandes temas progresistas de nuestra época, a saber que: los males de los hombres están en las manos de los hombres mismos, es decir, que el mundo es manejable, que el arte puede y debe intervenir en la historia(...); que el teatro tiene que ayudar resueltamente a la historia, revelando su proceso; que, finalmente no hay una esencia del arte eterno, sino que cada sociedad debe inventar el arte que le dé a luz su propia liberación.
- Roland Barthes
Algun dia dejara nuestro Mexico de ser asi?
Buen dia mugrosa :P

One day they will join us… and the world could be as one…
Buenos días ET =P

Hay ay…presumiendo tus c lases de ingles :P
preparese….para el miercoles….tiene cita conmigo para comer…se puede?

Ahummm Espero que sí, como quiera te confirmo el mañana o el mismo miércoles… te anticipo que el panorama no es muy bueno que digamos… pero por algo pasan las cosas… A ver qué onda…

orales no sabia quien era Brecht…
y pues si yo creo que es mejor un comunismo moderado que “la ley del mas fuerte” capitalismo extremo.
saludos miss

wow, nunca habia leido algo asi =O ni se del señor, pero me dare ahora a la tarea de leer un poco mas sobre el wow

Bien por nosotros!!!! Si conocen algo más por favor compartanlo, la frase que se me quedó tatuada en el corazón es esta:
“Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles.”Bertolt Brecht
http://www.ymipollo.com/~miss_cherry/57236.sueno-con-serpientes.html

Gracias por tu texto, es más completo que el mío y por mucho; en mi caso, sólo me limite a recordarlo con una sola cita, la misma que usó Silvio…
Saludos

AudioSaurius no sabes el gusto que me da el saber que no soy la única que se acordó de Bertolt.
Y te soy sincera: Yo la verdad desconozco la mayor parte de su obra, estoy en el proceso de investigar más de él. Pero ayer al tirar el periódico me topé con ese artículo. Benditos casualidades, no crees?

Un radical en todos los sentidos, perseguido por sus opiniones, pero a la vez legando una obra muy importante al mundo del Arte, específicamente a la Literatura y al Teatro.
Saludos Miss Buen Inicio de Semana.
Salam.
