Depresión en un día bello, necesidad de un abrazo.
El alivio esta vez llegó de una manera diferente: una siesta para reponer las fuerzas y el ánimo, seguida del ojaldre, el requesón, uno por fuera y el otro por dentro de esa fruta que trabajaste con tus manos, con forma de mujer.
No fue sólo un postre, sino el mismo abrazo que dejaste sobre la mesa como un mensaje que se come, como una promesa que se cumplirá…
Definitivamente prefiero el abrazo…
