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El mar y el amor...(I)
domingo 28 de septiembre, 2008 - 12:06:52
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Conocí al mar y al amor casi al mismo tiempo, cuando tenía 40 años. Claro, ya antes habia tenido experiencias con ellos: Al mar, por ejemplo, lo había visto en la televisión, en el cine, e incluso me había adentrado en sus olas junto al viejo Santiago muchas veces en las relecturas del libro de Hemingway. También lo tuve "cerca" a través de Titanic, película que vi varias veces gracias a mi oculto fervor por Kate Winslet. Igual me paso con el amor...
Muchas veces, de muchas maneras, tuve contactos lejanos con el amor. Siendo sincero, en mi total ignorancia sobre el asunto, siempre que ocurría uno de esos contactos pensaba que ese era el verdadero amor. Crei ser feliz, crei sufrir, crei soñar. Hasta que la conoci, a mis 40 años, unos pocos meses antes que al mar.
Pero volvamos al mar: después de mucho verlo a través de sombras, un "feliz" día al fin se me dio la oportunidad de tenerlo frente a frente. Me pareció majestuoso, impetuoso, hermoso... Primero navegué sobre él en una pequeña lancha, dirigiéndome hacia una paradisíaca isla en donde debía dictar unas conferencias. Allí, en medio de él, inclinándome para meter la mano en sus aguas, con respeto pero con una gran emoción, todo lo que había pensado y sentido acerca de él quedó reducido a un espejismo. No pensé en el viejo Santiago, ni siquiera en Kate, mis mas cercanos referentes del mar... sólo "lo sentí". Y lo temí.
Una vez desempacados los objetos personales en una pequeña cabaña, y cumplido el rito del traje de baño, el repelente contra mosquitos, el bloqueador solar, al fin me encamine a mi primer encuentro personal con él. Mi corazón latía aceleradamente mientras fingía naturalidad con mis acompañantes. Sentí la arena de la playa por primera vez y pensé "que calor hace".
Caminé hacia él, me detuve un momento antes de que sus aguas tocaran mis pies para mirarlo, y al fin, con toda la magnificencia que rodea a un momento tan especial esperado durante tantos años, fui entrando poco a poco en él. El mar me saludo con graciosas cosquillas en mis pies, en mis pantorrillas. Entonces me arrodillé, no tanto por acostumbrar mi cuerpo a la temperatura del agua como por rendirle culto a esa imponente "piscina" que tenía frente a mi. Todo era mágico, místico en ese momento.
Pero, en ese instante, en cual estaba sumido en la sensación más espectacular que había vivido, el mar me agredió. Una inmensa ola llegó hasta mi, me golpeó de frente en el rostro, y en un segundo me vi de espaldas, tragando agua salada y con la boca llena de arena. Y quedé allí, tosiendo, mirándolo con rencor, pensando que definitivamente no éramos el uno para el otro, arrepintiéndome de haberme metido en sus aguas. Sensación idéntica, situación igual viví con el amor. Sólo que de mi encuentro con el mar me pude levantar, contrario a lo que sucedió en mi encuentro con el amor. Pero ese relato, la forma como, después de conocerla, decidí torpe, ingenua e irresponsablemente adentrarme en las aguas de amor, será objeto de mi siguiente post.
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