Oficio de tinieblas
Una luz dócil, agobiada de gasa, herida de cometas y palomas, entra por la ventana y enturbiando al cristal se santigua en el agua bendita de la sábana atea. La almohada subleva su blandura y proclama de plomo su regazo con un cisma de plumas extranjeras: yacente estatua en el mármol frío. Dos cuerpos, guerreros sin coraza, desatan sus caballos en el lecho que se convierte en campo de batalla mientras la oscuridad empaña precavida la clave de sus ritos. La noche con su lengua de azabache lamerá los pezones a la tarde que enajenada por su humedad de pozo convertirá su grito de maitines en luctuoso oficio de tinieblas: Los guerreros vencidos por la noche y la noche en derrota por le alba.Escuchando: Bach - Clasica
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