
Una cama cubierta de una sábana blanca y cojines rojos de una seda acariciante.
Ventanas brillantes de luz cubiertas de una cortina blanca transparente que bailan al compas del viento.
Paredes mudos testigos de un volcán en erupción que se pintan de naranja rosado ante tanto calor.
Un espejo absorbe el vívido momento queriendolo atrapar en una imagen eterna.
El sonido del mar embravecido hace un compás de la fuerza de una pasión ciega … se Calma … arrulla … se vuelve poder y comienza nuevamente a golpear cada roca por cada suspiro,
por cada gemido, quiere ser parte y el cielo lo escucha … las nubes danzan y el sol dá más luz,
entrando sigiloso a compartir el calor con el que se identifica … se quiere mezclar y no puede.
La naturaleza enloquece ante tal fuego, no temen, quieren tocarlo pero no lo alcanzan.
De pronto siente el ambiente un cambio y parece que un arcoiris sale por la ventana, un latir como eco
llama la atención del silencio, todo parece en calma y sólo un cuarto blanco presencia lo sublime de la entrega … del triunfo de una pasión satisfecha, plena, que ensordece cualquier ruido y detiene el tiempo.
Afortunado el espejo que indirectamente fué parte de cada beso y de cada abrazo.
Ante tal silencio se retira el sol, se calman las nubes, el viento se conforma con acariciar levemente parte
de lo que fué, el mar les entrega la melodía del vaivén de sus aguas y su espuma … el cuarto guarda respeto
a la paz que hay dentro y el espejo disfruta del sueño que invade dentro.
La obscuridad llega motivando a un nuevo abrazo, a un nuevo beso para que ahora sea la luna quien ilumine
lo hermoso de la entrega y del amor.
Escuchando: Yanni - Love is all



