Cada semana, cientos de capitalinos desempleados buscan trabajo en la sección de clasificados de los periódicos.

Anuncios de las empresas pirámide que aparecen en periódicos y volantes
Por: Hedilberto Sámano Flores , Reportero

El “señor Beltrán” animando a los aspirantes con un curso de superación personal
Consultar la sección de los clasificados en el periódico es una práctica común entre quienes buscan colocarse en el mercado laboral; ahí uno puede encontrar anuncios que prometen el “trabajo ideal”, sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Esta es la crónica de un fraude basado en la ilusión de las personas por obtener un empleo.
Tras haber concertado una cita telefónica, me dirijo a Insurgentes Sur 216, segundo piso, colonia Roma, para pedir mayores informes sobre el empleo anunciado en el periódico, que solicita personal con o sin experiencia para contestar teléfonos, medio tiempo, por mil 500 pesos semanales.
Justo frente a la estación Durango del Metrobús, arriba de una tienda Viana, está SARE (Sistemas Actuales de Redes Empresariales), la empresa que requiere el personal. Mientras subo las escaleras, escucho la música del llamado reguetón cada vez más cerca, al llegar al segundo piso una cartulina me indica el lugar que busco.
La música proviene de allí, de un televisor de 29 pulgadas que se encuentra en la sala de espera frente a una veintena de sillas. Ningún otro letrero, salvo el de la entrada, dice el nombre de la empresa. No hay logotipos ni diplomas, sólo un cuadro de Napoleón Bonaparte, que junto con cuatro plantas de ornato y un arbolito de Navidad, decoran el despacho.
En la entrada están unas muchachas y muchachos de traje gris y azul marino platicando, cantando y jugando; parecen estar de muy buen humor. Algunos usan trajes deshilachados y percudidos, otros simplemente visten ropa que no es de su talla. Todos están peinados y perfumados.
Entre el bullicio, uno de ellos me atiende amablemente, me pide una identificación y procede a tomarme mis datos personales. Mientras espero a ser entrevistado, en uno de los cubículos hay cuatro teléfonos que no dejan de sonar; los jóvenes de gris los contestan con las mismas preguntas como si fueran robots: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué edad tiene?, ¿por cuál medio se enteró del empleo?, ¿qué nombre aparece en el anuncio?, ¿le hago una cita?
Una de las muchachas de azul marino me entrevista y explica que SARE necesita personal porque se encuentra en expansión y no piden experiencia porque las actividades son muy sencillas; asimismo me aplica un pequeño examen escrito, cuyas preguntas principales son: ¿Estaría dispuesto a tomar un curso de superación personal?, ¿le gustaría emprender su propio negocio?
Después de haber contestado con un sí a estas interrogantes, la señorita me dice que he sido aceptado en la empresa y que debo presentarme el día lunes a las ocho y media de la mañana para tomar un curso de capacitación, en el que se me brindará más información.
EL ENGAÑO EN EL CLUB DE LOS OPTIMISTAS
Algunos llegamos puntuales a la cita, otros retrasados, pero todos con la ilusión de obtener el susodicho empleo, cuya paga nada tiene que ver con el salario mínimo que no alcanza ni para un kilo de carne. Somos alrededor de 30 los aspirantes, la mayoría tiene entre 18 y 25 años de edad; hay estudiantes, amas de casa, madres solteras y profesionistas desempleados. Para algunos jóvenes esta es la primera vez que están en busca de trabajo.
Mientras esperamos indicaciones, vemos videos musicales en el televisor y platicamos con los muchachos de gris y azul marino. Al poco rato pasamos a un cubículo deteriorado y poco aseado, nos acomodan frente a un pizarrón, un micrófono y una tarima que sirve de templete. Otra vez se escucha el reguetón.
Minutos más tarde, aparece un personaje carismático que es presentado por los jóvenes de gris como “lo mejor de lo mejor de la empresa”, el señor Beltrán, un treintañero alto y moreno que viste traje negro, zapatos de charol y corbata azul pastel; se ostenta como ejecutivo instructor en mercadotecnia y relaciones humanas.
El señor Beltrán va rumbo a su escenario dejando tras de sí su penetrante aroma a loción, se nos pide que le demos un fuerte aplauso; y así, con micrófono en mano y casi gritando, nos da una cordial bienvenida, dando comienzo al curso de capacitación y superación personal.
–¿Cómo están todos?– pregunta entusiasmado el señor Beltrán.
–Bien–, respondemos todos a coro.
–No se escucha, más fuerte, ¿cómo están todos?,– vuelve a preguntar de la misma manera.
–Bien–, todos gritamos.
–Eso estuvo mejor, que se vea la actitud positiva, la chispa de alegría y las ganas de trabajar. Sean ustedes bienvenidos a SARE–, sentencia el anfitrión.
El treintañero camina de un lado a otro, de vez en cuando truena los dedos, nos habla sin cesar de lo que es capaz de hacer el ser humano cuando se lo propone, siempre y cuando se tenga una actitud positiva, pues sólo así se tiene éxito en lo que uno haga; demagógicamente señala que quien es pobre es porque así lo quiere.
Cuando se nos piden aplausos, porras, levantar la mano o gritar alguna frase, todos tenemos que hacerlo, pues se nos amenaza con dejar fuera a la persona que demuestre una actitud contraria, por ello hasta el más serio y tímido tiene que hacer un esfuerzo para demostrar que es tan optimista como ellos con tal de no perder la oportunidad de obtener el empleo.
Entre broma y broma, chiste y chiste, que a veces provocan carcajadas descarriadas, el señor de los zapatos de charol nos dice que SARE es una empresa que se dedica a la venta de cosméticos, pero que de ninguna manera nosotros vamos a vender sus productos.
–Ustedes están aquí para trabajar en el área administrativa, sea como coordinador de servicios, asesor de servicios o promotor de servicios; que les quede claro no son ventas, quien lo dude puede retirarse–, precisa el diligente señor Beltrán.
Tres horas más tarde aparece un nuevo personaje en escena, no es tan carismático como el señor Beltrán, pero también es recibido entre aplausos al ritmo de mesa, mesa que más aplauda le mando le mando una niña, za za za… Él es el señor Fernández, un veinteañero bajito y moreno que dice ser el ejecutivo encargado del área de mercadotecnia de la empresa.
El señor Fernández nos dice que SARE es una empresa legal en la que su personal labora bajo las cláusulas de un contrato, por ello nos piden ignorar a quienes cuestionen su credibilidad; asimismo, manifiesta que nosotros al momento de firmarlo, automáticamente, obtenemos beneficios tales como asesoría jurídica y la oportunidad de cursar una carrera a nivel ejecutivo en un año, además dicho documento es heredable y por tiempo indefinido. Los únicos requisitos es tener una actitud positiva, trabajar al 110 por ciento y enfrentar los retos.
EL ENGAÑO SE VUELVE FRAUDE
Así transcurren tres días más de motivación con más de lo mismo, se organizan convivios y concursos, lo único diferente es que el cubículo está adornado con globos y cartulinas con el nombre de los equipos que formamos: Los Titanes, Los Traviesos, Los Elegidos, etcétera. En este tercer día, el señor Fernández nos pone a prueba, la cual debemos superar si es que queremos ser parte de la empresa. El reto consiste en conseguir cien pesos de un día para otro.
Ya es la cuarta sesión, todos llevamos el dinero y lo mostramos al público; algunos pidieron prestado, otros tomaron del gasto de la semana y unos más de sus ahorros.
–Así como superaron esta prueba, pueden superar cualquier reto que se les presente en la vida, a todo problema hay que buscarle una solución, todo depende de la manera de pensar, la clave es tener una actitud positiva. Guarden su dinero, es de ustedes, no se los vamos a pedir–, dice el señor Fernández.
Ya casi al final de la sesión, este personaje nos vuelve a poner otra prueba y promete a quien la supere que “mañana mismo firmará el contrato”. El desafío consiste en vender dos de sus fragancias que oscilan entre los 200 y 300 pesos, para ello presentan un paquete de cuatro muestras de 25 mililitros que tienen el precio de cien pesos. Así, quienes realmente tienen la ilusión de obtener el empleo, que son la mayoría, sacan el billete de su cartera y los compran. Algunos dudan, pero ellos los persuaden.
El señor Fernández aclara esta es la única vez que vamos a vender, que sólo es una prueba para saber si en realidad tenemos una actitud positiva y señala ‘quien no quiera comprarlos no está obligado a hacerlo, pero que eso demuestra una actitud negativa y por lo tanto no puede pertenecer a la empresa’.
Todo resultó ser un engaño, se nos dijo que no íbamos a vender, pero lo teníamos que hacer si es que queríamos firmar el contrato; para quienes lo lograron su trabajo será enganchar a más personas por medio de los anuncios en los clasificados y seguir vendiendo las fragancias.
Mientras tanto, en el despacho los teléfonos siguen sonando, son los nuevos aspirantes que seguramente tomarán este curso la próxima semana y a los que también se les venderán los cuatro frascos de 25 mililitros; al final, la mayoría de ellos lo único que obtendrán serán estas muestras y el amargo sabor de boca por haber sido timados.
Lucrar con el engaño, objetivo de las empresas pirámide
Se le conoce como pirámide a la organización en la que, con el trabajo de quienes están en la base, se beneficia sólo a los que se encuentran en la cúspide; varias de estas organizaciones se esconden bajo el disfraz de empresas que ofrecen vacantes para recepcionistas, en las secciones de clasificados de los periódicos, para lucrar con tácticas fraudulentas aprovechándose de la necesidad de las personas de tener un empleo.
Al respecto, Jorge Borjon Contreras, académico de la UNAM especialista en Derecho Penal, señala que este tipo de empresas cometen el delito de fraude porque están engañando a la gente en beneficio propio, al ocultar a las personas desde un inicio, que su ofrecimiento no es un empleo, sino una invitación a participar en un negocio, en el que como requisito para ingresar es aportar una determinada cantidad de dinero que el interesado debe juntar con la venta de sus productos, lo cual se traduce en ganancias para ellos.
“Son empresas en las cuales las personas necesitan tomar un curso, supuestamente para capacitación, pero no les hacen saber de inmediato, sino hasta que lo terminaron, que la verdadera actividad a desempeñar son las ventas. Ahí les dan la mercancía que tienen que desplazar, y si quieren recobrar su dinero, necesariamente van a tener que venderla; y después van a enganchar a otro incauto que, como ellos, cayó en esas redes, y lo van a invitar a participar en ese negocio, que no es trabajo”.
Borjon Contreras apunta que este tipo de empresas se podrían denunciar ante la Procuraduría Federal del Consumidor, porque se trata de bienes y servicios, o ante la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo. Sin embargo, como estas organizaciones no tienen domicilio fiscal, además de que desaparecen un tiempo y después vuelven a aparecer con nueva razón social, dichas instancias no las podrían requerir y, si así lo hicieran, las penas serían sanciones administrativas como multas o clausuras, y después volverían a operar.
Asimismo, ahonda que es muy difícil denunciarlas ante el Ministerio Público porque ellos van a decir que no engañan a nadie, que sólo venden sus productos y que la gente acepta comprarlos; pero que si se configurara esa conducta como delito, entonces las sanciones serían penas privativas de libertad.
Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿Qué responsabilidad tienen los diarios? Jurídicamente, ninguna, pero éticamente sí, al prestarse al juego de estas empresas publicando sus anuncios, pues los periódicos deben saber o tener una noción de qué se trata.
(Hedilberto Sámano)
¿Qué tienen en común los anuncios de las empresas pirámide?
Los anuncios con los que las que estas empresas enganchan a sus víctimas, que aparecen en periódicos y volantes, tienen cinco características básicas en común: No es indispensable la experiencia, la edad no importa siempre y cuando sean mayores de 16 años, tampoco el nivel de estudios, se trabaja sólo medio tiempo y el sueldo es de alrededor de dos o tres mil pesos semanales.
Asimismo, hay otras particularidades que comparten entre sí, por ejemplo: Se dirigen en su mayoría a estudiantes; los números telefónicos que aparecen se repiten de anuncio en anuncio o sólo cambia la terminación; el nombre de la persona que firma y requiere el personal es un seudónimo; los puestos que, supuestamente, se ofrecen son para recepcionistas, pero también solicitan archivistas, asistentes, capturistas e incluso profesionistas, pero siempre aparece, por lo menos, una de las cinco características básicas ya mencionadas.
En una revisión hemerográfica de la sección de clasificados de un importante diario nacional, se constató que este tipo de anuncios data de principios de los años 80, década en que también aparecen los de masajes (prostitución), pero con otro formato.
Algunas de estas empresas que operan en el Distrito Federal se hacen llamar de la siguiente manera y llegan a reclutar hasta cien personas por semana a través de sus anuncios:
1. Desarrollo Dinámico Empresarial. Fray Servando Teresa de Mier número 50, primer piso, colonia Centro.
2. Desarrollo Integral de Negocios Empresariales (DINE). Paseo de la Reforma 122, piso 11, colonia Juárez.
3. Excelencia Empresarial (Excem). Balderas 96, sexto piso, colonia Centro.
4. Gerencia en Mercadotecnia. Insurgentes Sur 363, tercer piso, colonia Hipódromo Condesa.
5. Corporativo Empresarial de México. Izazaga 23-A, primer piso, colonia Centro.
6. Grupo Legado. Eje Central número 61, quinto piso, colonia Centro.
7. Sistemas Actuales de Redes Empresariales (SARE). Insurgentes Sur 216, segundo piso, colonia Roma.
(Hedilberto Sámano)
Alguna vez asistí a uno de esos anuncios, al segundo día me di cuenta del engaño y no volví, y eso fue hace mas de 20 años… Lo que me sorprende esque sigan operando con la misma impunidad.
Saludos.

haha yo igual, hace como dos años fui a una de esas madres, y al igual que el audiosaurius dejé de asistir al segundo día… y es cierto, exáctamente del mismo modo, y eso fue acá en querétaro

Acudi a un curso para envolver chocolates en Av. Arcos de BElen No 10 4to piso en la Torre de Cristal, la condición era vender 6 fragancias de $500 cada una, el nombre de la supuesta empresa es GRUPO MERCANTIL DEL CENTRO es completamemte un fraude porque vendi las frgancias y despues volvieron a pedir $500 para la publicidad en periodicos.

Hoy asistí a una entrevista de trabajo muy ilusionada de que estaba encontrando mi trabajo perfecto que se acoplaba a mis necesidades actuales y con una buena remuneración. Al llegar a mi casa decidí indagar sobre la empresa ya que todo se me hizo muy raro. al leer la anterior crónica me quede aterrada de que todo lo que me paso fue exactamente igual a lo descrito , estoy muy preocupada y quiero saber q puedo hacer. La empresa se llama grupo visión empresarial. g.v.e, en bogota Colombia. gracias

ayuda, no me deja esta empresa salirme tan fácil, no he firmado nada, y me amenazan en cobrar una cantidad de 6000 pesos, para que me pueda ir, como le hago, ayúdenme por favor. mi correo es dartdart live.com
