Hace unos años se hizo un estudio entre esposas que habían abandonado
sus hogares, ¿y cuál crees que fue la razón principal que dieron para
haber tomado la decisión? “Falta de aprecio”.
Si se hiciera un estudio similar entre maridos que han huido de sus
casas, creo que se llegaría a la misma conclusión. Con frecuencia damos
tan por sentada la presencia de nuestro cónyuge, que nunca le
manifestamos nuestro aprecio.
Un miembro de una de nuestras clases nos habló de un pedido que le
había hecho su esposa.
Ella y un grupo de mujeres de su parroquia habían iniciado un programa
de automejoramiento.
Le pidió a su marido que la ayudara haciéndole una lista de 6 cosas que
creyera que ella podía hacer para ser una mejor esposa.
Nos dijo: “El pedido me sorprendió. Francamente, me habría sido fácil
enumerar 6 cosas que me habría gustado ver cambiar en ella (y estoy
seguro de que ella podría haber hecho una lista de 1,000 cosas que querría
cambiar en mí), pero no lo hice.
Le dije: ‘Déjame pensarlo y te daré una respuesta mañana’.
Al día siguiente me levanté muy temprano, llamé al florista y le pedí
que le mandara 6 rosas rojas a mi esposa con una nota diciendo: ‘No se
me ocurren 6 cosas que querría que cambies. Te amo tal como eres’.
Cuando llegué a casa esa tarde ¿quién creen que me recibió en la
puerta? Exacto, mi esposa. Estaba al borde de las lágrimas. No necesito decir
que me felicité por no haberla criticado como me lo había pedido.
El domingo siguiente en la iglesia, después de que ella hubo informado
del resultado de su tarea, varias mujeres del grupo se acercaron y me
dijeron: ‘Fue el gesto más tierno que jamás haya escuchado’. Entonces,
comprendí cuál era el poder del aprecio.”