
Por las noches, hay alguna hora,
en que me levanto del sueño ligero,
con mis ilusiones, empiezo una lucha
y me desespero.
De madrugada y sudando,
sin dormir y en silencio,
sin ahogar un poco el llanto,
el grito del alma sale involuntario.
La ventana y el cielo estrellado,
mirando hacía un infinito cercano
y más allá
la estela de un mundo raro,
habitado por fantasmas ilusionados,
de la suerte abandonados.
Lamentos se oyen afuera de mi cuarto
y aullidos de perros espantados.
Y yo en mi lucha sin descanso,
escribiendo y borrando
a cada rato, hasta que amanece….