Cada vez que tu mirada
se posa, como una caricia,
sobre el rostro de este que te habla
un latente escalofrío recorre mi espalda.
Cada vez que me susurras al oído
tus palabras, tus te quiero
en tu dulce voz enamorada,
un latente escalofrío recorre mi espalda.
Cada vez que te miro a través de la distancia
cada vez que te veo y adivino tu mirada
cada vez que te escribo un poema,
un latente escalofrío recorre mi espalda.
Y entre escalofríos y olas,
entre tu mirada y mi mirada
hay un amor entregado y secreto,
plagado de susurros en la distancia.