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Todavía me revienta levantarme temprano. Nada de cafeína, ¿cómo carajo se supone que voy a terminar de despertar?
Me disolvía con el jabón, y la maldita ventanita no daba siquiera el consuelo del pedazo de cielo a que tengo derecho. La repisa cargada de trozos de jabón, un par de navajas de afeitar luciendo el óxido del abandono
No está mal, cereal con fibra y lo que queda de la cerveza de la noche anterior. Conversación superficial, un beso y adiós.
A decir verdad, prefiero el silencio.
Me entregué a la reciente obsesión que tengo por las plantas, y los libros se llenaron de polvo otra vez.
Que poquito espacio entre mis senos y la áspera terlenca. Ayer decidí manifestarme indiferente, noté que aplica lo mismo, así que se torna aburrido.
Me pudre tener que pretender, cuando cuento con los elementos para patear traseros, pero se consigue más con miel.
Si no fuera por ese durazno de poderosa sonrisa ya habría enloquecido, y sus manitas rodeando mi cuello exigiendo más tiempo. Puedo alcanzarle todo el universo, y si me pide saltar sin red, puedo succionar mi sangre del suelo y al tiempo que protesta por que no hay estrella que llene su cuento, puedo organizarle un futuro a costa de mis pulmones, corazón y demás vísceras.
Desde la trinchera… cursi
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Luna fría
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