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Ritualessáb 19 de enero, 2008 - 17:32 |
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De antología el aburrimiento. Nada mejor que hacer, y el entorno que me facilita el ejercicio de mis malas artes. Mañana fría, una manguera rebelde, y mucha tierra y polvo que someter, así que me resigné a ser la lluvia que no llegó. Mientras trataba que el viento no levantara arena, el agua regresaba a mi cara depositando un leve rocío en el cristal de mis gafas. Media ciega y con los vidrios empañados, no me percaté de la presencia de cierto individuo que vive en la casa de enfrente y que al parecer, limpiaba vigorosamente su entrada y echaba agua debajo de la banqueta. Lo cual no resultaría importante, de no ser porque “su mugre” escurre hacia donde yo estaba. Cabe señalar, que los topógrafos no consideraron vecinos conflictivos y ninfas vengativas. Ya anteriormente me había percatado de la inclinación poco favorecedora para la higiene de mi acera. Pero ésta vez, me pareció que el tipejo, mostraba una molestia e incomodidad desmedida. Hice una pausa, para tratar de entender lo que sucedía. Después de repasar el manual de Carreño, los consejos de mi abuela sobre “ la buena vecindad” y una que otra recomendación que leí por ahí, se me ocurrió pensar que éste pobre sub-humano creía, como muchos, en los poderes de “ la brujería”. Contando yo, anticipadamente con éste calificativo ( maldita perra, bruja) en la cuadra, pensé que sería una buena idea para entretenerme, manosear un poco su cerebro. Manguera en mano y canción de moda en los labios, pero sin sonido, bastó para ver su cara de susto e inmediatamente, echó cubetazo tras cubetazo de agua, como si quisiera que alguno me alcanzara. Lo cual era poco probable, tomando en cuenta la distancia y la mirada de terror que le provocaba mi sola presencia. Brincaba como chapulín, de aquí para allá, y llegó lejos su remedio para contrarrestar “mis poderes”. Tomando valientemente en sus manos toda una bolsa de detergente y quien sabe que tantas mamadas más, estropajeó ventanas, puerta, macetas, plantas, arbusto mocho, y lo tiró provocadoramente hacia mí. De cualquier manera, ya le hacía falta una limpiadita a su vivienda, que a decir verdad, los burros prefieren como sanitario. Por poco se me sale la carcajada, pero, gracias a sus pendejadas, me estaba divirtiendo, así que decidí ponerle candela al asunto. Me dirigí determinada a buscar el mejor artefacto de una bruja. Y barrí, barrí y seguí barriendo hacia fuera todo el regadero de agua que había yo hecho (con lo escasa que está y yo desperdiciándola) solo para conseguir que el fulanito sacara la suya y repitiera la acción. Fue cuando comprendí que la fama (buena ó mala) es algo que a veces uno no procura. Las antipatías y las simpatías son o no reforzadas por los rasgos de nuestra personalidad, y después de que ambos dejamos como tacita de té nuestras casas, nos metimos respectivamente a nuestras vidas. Él, seguramente preocupado por los efectos de “mis poderes” y yo, agradecida con las buenas conciencias, por presentar la oportunidad de jugar un poco con las debilidades humanas.
Desde la trinchera...muy simple. [ Enlace | 6 comentarios ] del.icio.us Estrella este post
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