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...y ya nada fue lo mismo.
Entre el cielo y yo, los mecates del tendedero. Plástico importado conteniendo la tierra. Dos tanques de gas, y espacio suficiente para cuatro tejidos yucatecos. Por más que procuré fidelidad en la copia, Pino Suárez se caracterizaba por ser espontáneo.
En la esquina con Esteban Morales, renacía tras cada redada, El Torito, cantina con rigurosa leyenda de barriada. Marihuanos, borrachos, paleteros, globeros, el afilador, cinco vecinos, todos ellos de orquesta marimbera. Nunca entendí en que consisten los encantos de curarse la cruda en la pulquería que quedaba a la otra cuadra.
La navidad a los ocho, con todo y los nortes proporcionaba un excelente pretexto para organizar a los cuates con sonaja de corcholata, botella de panza acanalada y una rama mochada de un pobre árbol…miserablemente decorada. Eso sí, con hartos colores. No faltaba la vecina rica venida a menos, que mirando por encima del hombro lo mismo posadas que carnavales fruncia la nariz con aire de intolerancia. El doce de diciembre nos apretujábamos en la peregrinación que recorría todas las calles hasta llegar al encuentro de un cúmulo de puestos con fritangas, atole y tamales.
En aquel entonces, Doña Lolín González y de la Barca, era la falluquera de más prestigio. Con su libreta negra llevaba las cuentas y bien que nos mantenía informados de todos los movimientos de la cuadra que según ella sin querer llegaban a su concociemitno. Del patio de vecindad que daba justo frente a mi calle, pude robarme más de una docena de gatos…es una lástima que mi abuela me pillara intentando camuflagearlos con su pila de sábanas blancas bordadas y dobladas en el ropero…que por cierto…casi nunca usamos. Son para las visitas
Llegué a los catorce sin saber la mecánica de colonia, me limitaba a saludar a los viejos y no tuve empacho en mirar con mucho interés al chico de los ojos verdes que por cierto recibía tundas un día sí...y el otro también.
Me procuro una visita al año, al menos, por aquel lugar. Ya nada es igual. Las fachadas con cantera corriente y estilo setentero sucumbieron ante la nueva oleada que promueve hacer la sala de la casa un Internet, tiendita, miscelánea, ó lo que deje para tragar…
Erika Molina Prado…rescatando recuerdos.
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Recuerdos
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