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-¿Qué tiene de malo. René?
-…seguro que se dará cuenta la enfermera.
-¡Nah! Está muy ocupada pasando los informes.
-Pues en ese caso apresúrate y no dudes, las rondas empiezan en quince minutos, y no olvides traerme “algo” a mi.
-Cuenta con eso.
Pasillito impecable, un par de puertas, y la solución tras el vidrio. Nancy merodeaba continuamente por todo el edificio, se había hecho adicta sin más remedio que calmar el dolor y las reacciones de tanta quimio, para el hospital, ella, como muchos, era otro dato en las estadísticas de cáncer. Huérfana de padre y madre, solo tenía una tía que rara vez le hacía menos amargas las horas. En más de una ocasión se le llevó desde alguno de los pasillos del edificio hasta la sala de emergencias. En realidad ella no quería sanar. Ella deseaba la muerte y así terminar de una vez con el tormento, pero no tenía valor para hacerlo de una sola vez. A cambio del silencio, René, de doce años, compartía algo más que la culpa por los hurtos.
-¡Casi me cachan!...¡El doctor cacahuate salía del departamento de control!
_¿Hasta cuando vas a seguir haciendo esto? – ¿Te parece que tengo alternativa? Ayer defequé sangre otra vez y la estúpida enfermera solo me dijo que ya estaba en el informe, que el doctor se encargaría de eso después de sus vacaciones por Miami. Tengo el culo perforado y a nadie le importa que mañana es mi cumpleaños, ¿porqué diablos me debería preocupar en lo que me he convertido? – Robar está mal… – ¡MORIRSE ESTÁ MAL!
¡Mírame, René! ¿ Crees que debo hacer planes para seis meses más? – Dicen que ya van a encontrar una cura, mi mamá leyó en una revista… – ¡No me sirve mi cuerpo, se está pudriendo cada segundo, y yo estoy más lúcida que tu madre! ¿porqué no te tragas esas pastillas y dejas de joderme el momento. – Mañana…me transfieren. – ¡¿QUÉ?! – Mi mamá logro que me aceptaran en la clínica particular de Sarmiento…y yo… – ¿tu qué? – ¡Nancy yo si quiero vivir! Yo tengo esperanza.
Martes nueve de la mañana, sábanas cubiertas de sangre hasta la cintura, y un desfile de médicos intentando no perder el control …y una vida que suspendida del instinto se aferra como puede.
Así pasaron tres noches de lucha, pero en la tercera, el corazón estaba demasiado débil para continuar. Nancy logró por primera vez en muchos años la paz y la tranquilidad que tanto necesitaba.
Un cofrecito gobierna la parte más importante del mueble de cedro del arquitecto Herrera. La primera vez que lo ví tan solo pensé que se trataba de un alhajero , le pregunté si lo trajo de un viaje, pero no me contesto.
Nadie reclamó las cenizas de Nancy.
René, logró terminar la universidad y graduarse de arquitectura con honores, le ganó la pelea al cáncer.
Adaptación
Erika Molina Prado
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Han escrito 3 comentarios de «los olvidados»
torito Viernes 17 de febrero, 2006 11:31.
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ufffff !!! no sea asi , que no ves que hoy estoy muy contento . bien por el Rene, tambien por Nancy , mal plan ! 
MieL Viernes 17 de febrero, 2006 11:37.
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ahhh…
Pues que bien por Rene, pero Dios concede la gracia de que unos ea triunfador contra algo mortal.
Yo vivi en carne propia una equivocacion medica ..me habian diagnosticado cancer, ¿Cual fue el error? Pues que se equivocaron de resultados clinicos y no era la persona, cuando ya habia trascurrido un pinche año y yo en tratamiento, casi a punto de perder mi Vientre.
En fin ¡Viva Mexico y sus Especialistas!
Saludos, por cierto gracias por compartir esto con nosotros. 
socrates Viernes 17 de febrero, 2006 13:24.
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DIOS! MIEL...esos errores pueden ser terribles.
Toriiiiiiiititititoo!!!...lo maravilloso de la vida es conocer todos los estados de ánimo y sacarles partido…
UN saludo!
Erika 
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