a los 14 días de febrero
No recibí ni una tarjeta, ni un bombón, ni una rosa (bueno, sí, la que sobró de un puesto callejero) ni un suspiro, ni un recuerdo, sólo sin esperarlo infinidad de chocolates sueltos y de distintas marcas, colores, sabores y tamaños; pues de distintas personas vinieron, un corazón de hule inflado de algún amigo despistado y ahora que lo pienso, al no tener nadie (en específico y en protocolismo) con quién celebrar, me encerré a leer y me regalaron la dicha de disfrutar algo como esto: “¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?”. Sencillo, puntual, divino, para mí, un poema en sí mismo, no un piropo comercial y estúpido, como los que te regalan algunas compañías con complejos altruistas para construir mejores relaciones románticas al mandar un mensaje de texto al 55420… Vicente Huidrobo lo escribió y se lo habrá preguntado a una mujer, o tal vez primero se lo preguntó y después se le ocurrió que era hermoso como para no plasmarlo en un su obra… no lo sé, lo que sí, es que este 14 de febrero un libro me regaló la dicha de leer algo tan bello como esa pregunta tan corta.
Tenía el regalo perfecto en mente y ya hace días que lo vengo esperando. El domingo le dije a mi mamá que tenía unas ganas locas de ser dueña de una planta, no de marihuana ni mucho menos, una planta tan “simple” como un cacto, tan común como una violeta, tan exótica como una orquídea… lo que fuera, sólo deseo tener un ser vivo aparte de mí conmigo… y regarla y quererla y podarla y peinarla y casarme con ella y respetarla todos los días de mi vida hasta que la muerte suya o mía nos separe. Le dije: má, una planta a manera de mí, que de niña te regalaba rosas el 14 de febrero. Con cuánto ahínco juntaba pesos y centavos para poderte comprar un par de rosas plásticas en la papelería, a la salida de la escuela. Algunas de ellas todavía las conserva una virgen olvidada que está entrando a esta casa, otras se fueron de nuestras vidas cuando crecí los suficiente como para definir mis gustos y tirarlas a la basura porque qué feas están, qué naco tenerlas en el cuarto, qué tierna que era yo de niña…
Pues no, todavía estoy esperando tener una maceta y alguien que la habite para platicar con su inquilina y darle de beber cuando lo necesite, espero, mamita linda, que no se te olvide tanto que tengas que comprarla para el día que me muera.
Hablando del día que me muera… he decidido que cuando me muera quiero que llueva, que no pare de llover, que llueva a cántaros, que cuando me estén velando el cielo esté cerrado de nubes grises, que haga un poco (no mucho) de frío, que tanta lluvia haya enverdecido las plantas y que éstas, en sus macetas, reciban a chorros el agua que cae del cielo y resbala por los tejados, veo ya que las flores se están deshojando de tanta agua, que la niebla allá en los cerros impide ver las cuestas de ellos a los que me visitan y que el agua corre a manera de río sobre el patio mil veces mojado… que alrededor de mi caja el olor es agradable, de café y tierra mojada, de tierra fría.
A los catorce días del segundo mes también se fue de este país, y de mojado, Alejandro Chavarría… me enteré hace nada y pensé que es una ironía, a los catorce días de febrero de algún otro año, estábamos juntos sobre los asientos de su bocho rojo, destapando chocolates, mirando nada porque en la oscuridad estábamos y probándome una nueva blusa… ya estarás del otro lado, suerte y que no te regresen como la primera vez… ¿o que sí?
Escuchando: Sabor a mí, de Lila Downs
Tres comentarios ]
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Han escrito 3 comentarios de «a los 14 días de febrero»
Skazi
Miércoles 15 de febrero, 2006 21:43.-
:) Muy buena música escuchas…
A mi me gusta la del último amor… de Lila Downs

Miranda
Miércoles 15 de febrero, 2006 21:46.-
asi o mas largo? ¬¬

superbalza
Lunes 20 de febrero, 2006 12:56.-
Me encanta tu estilo.



