en órden de reloj, Suar, Jaquelin, Alberto y Yo.

en órden de reloj, Suar, Jaquelin, Alberto y Yo.
Hay pocas cosas tan absurdas como tocar un instrumento. Uno se sacrifica horas y horas, estudiando, repitiendo ejercicios que te ayudan a desarrollar una habilidad cuyo único objetivo es producir sonidos. Sin embargo, cuando tocas una canción, cuando cantas con el alma, no hay sensación que se le compare, es como entrar a una dimensión donde las canciones ya pensadas y lo ya escrtito reviviera para reinventarse. Es lograr un contacto con el universo de las finas letras y la armonía del espíritu, es volver a sufrir o gozar lo ya cantado.
Alberto y yo vamos a cantar en una fiesta y nos van a pagar, es muy bueno en la guitarra.
Hoy ensayamos, si es que me contacta a tiempo. Si tuviera el valor suficiente, dejaría todo por la música, lo daría todo por perder todo el tiempo tocando, en ese absurdo. Pero creo que es como la más antigua de las drogas.
Escuchando: ascensores al cielo-
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