Por fin, le hablé
Me harté de todo, de tanta nada. De los días que pasan y me dejan aquí, sólo y conmigo.
En un arranque de locura, valentía y descuido, marqué de mi número el suyo. Sonaron unos tonos intermitentes, un respiro forzado, silencio absoluto, otro tono, una creciente angustia intermitente en mí junto con más silencio; un segundo, pensamientos varios revolviéndose en mi mente, silencio y de repente. Otro tono. más silencio, con desepción, y un tono final, dando lugar a la seca grabación que antecede a el buzón de voz. Cuelgo, y con la llamada se corta mi esperanza.
Me harté más de la doble espera, la molestia, el velo que llama a un desconocido, la desfchatéz, la mala educación. Pero hasta las canalladas tienen su recompensa; esta es la moraleja de este relato.
Fuí a recojer a Katy a la escuela, Ella felíz, yo sólo por ella. Después de un rato de camino, juegos, risas, abrazos y lluvia de besos se quedó dormida en el autobús. Le marqué a mi mamá para avisarle que llegaba, no contestó (parece que nadie pudiera atenderme el día de hoy). entonces, remarqué el sagrado número, sin miedos, sin prisas, sin pensar, atorado en el tráfico, en la soledad. Un tono, otro, y ahí estaba, uns dulce voz. y ahí estaba yo, también, casi nadie, luchando por poder hablar coherencias, tratando de no diluirme en la belleza de su voz, y lo logré, después de un saludo, autentifiqué su recuerdo de mi. No escuchaba todo, entonces quedé en marcar más tarde. Le volví a hablar y WOW.. fué increible, y no fué nada aún.
Hoy le voy a hablar.
Escuchando: Otra vez. 3 de copas
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