¿Tienes una cuenta? identificate: Usuario Contraseña o puedes obtener una gratis.

Diario de Yohan Uribe Jiménez

El arte de la melancolía

Me confieso adicto....

27 de marzo, 2008 - 13:03

Adicción

 Al bajarme del coche y caminar hacia a la puerta de su casa me temblaban las piernas. Eso se repetía cada vez que iba a visitarle. Qué extraña sensación se apoderaba de mí cuando su presencia estaba próxima, percibía en ella una esencia perversa, casi maligna.

Encontré la puerta entreabierta y mientras cerraba escuché tras de mí sus pasos acercándose. El ambiente siempre en penumbra y la decoración predominantemente minimalista, dotaban la casa de un misterio simple pero intenso... aún tenia grabada en la retina la imagen del dormitorio, altar mayor salpicado de flores y extrañas mascaras de colección, que ella traía en sus viajes.

Sus brazos me rodearon y noté aquel tórrido aliento posarse sobre mi cuello, me no puedo negar que me excitaba el temor y el placer. Tomó mi mano y avanzamos por el pasillo en dirección al estudio, quería mostrarme la ultima obra que había comprado, una versión contemporánea de La Piedad, en la que los personajes, madre e hijo estaban desnudos, la firma un pintor de apellido extraño, de esos que cuando se pronuncian traban la mandíbula.

Le observé dirigirse hacia el final de la estancia, donde había colocado un diván rojo de piel, próximo a ella, sobre una mesa negra de madera, dormía su violonchelo. Con un gesto me invitó a seguirle y ya juntos se empezó a desnudar lentamente. Cada prenda que caía iba liberando el cuerpo que brotaba libre y voluptuoso. Finalmente soltó su cabello que manó en cascada hasta la cintura, me quito los zapatos, desabrocho los botones de mi camisa, incluyendo los de las mangas. Así, comenzó a mirarme mientras sus manos recorrían su cuerpo, clavando sus dedos en cada hueso y cavidad que yo miraba morbosamente. Cuando la exploración hubo concluido hizo que me recostara en el diván y comenzó a tocar su violonchelo.

La luz se depositaba sobre mí desde una claraboya que proporcionaba brillos y sombras a partes iguales. hipnotizado por la música que inundaba aquel ambiente, un sopor me alejó de la conciencia no sé por cuanto tiempo. Desperté cubierto con una sábana. El estudio se hallaba sumido en una oscuridad levemente atenuada por el resplandor amarillento proveniente del pasillo, trate de levantarme con dificultad y encaminé mis pasos hacia el salón. Cuando la luz me golpeo vi que tenia en el cuerpo varias heridas, moretones y quemaduras de cigarrillo en el pecho, así era el sexo con ella, perdía la conciencia y cuanto despertaba parecía un Nazareno.

Camine por el pasillo y allí la hallé sentada en una butaca, inmóvil, con la mirada perdida. Velas repartidas sobre los muebles vibraron a mi paso, me incliné sobre ella y acaricié su rostro, blanco y enigmático como el de una estatua. Volteó su mirada hacia mí.

- Dormías profundamente y no quise despertarte... preparé la cena – se levantó -, sígueme.

Me condujo de la mano hasta otro espacio de su casa pintado de un amarillo fuerte cuyas paredes estaban cubiertas por cuadros y espejos, en el centro, una mesa redonda aguardaba ser usada. Se había tomado la molestia de prepararla la cena. Tomé asiento mientras ella marchó a la cocina. Tuve tiempo de observar todo lo que me rodeaba y de recrearme con su inquietante meticulosidad y pulcritud.

Durante la cena ella iba rellenando de vino mi copa. Como siempre cuando bebo, no paré de hablar, pasando de un tema a otro, riéndome y gesticulando. Notaba que me observaba divertida, interesada por averiguar más de mí. Pasó la mayor parte del tiempo escuchando, recreándose en la comida con un apetito insaciable. Al terminar, un calor sofocante me invadió, mi cuerpo desnudo y marcado por las heridas, que ya prácticamente había dejado de arder. Su penetrante mirada me hacía sentir esclavo de todas sus perversiones, -quien lo creyera la concertina de una orquesta de cámara- Disculpa – le dije -, tengo que ir al baño.

Una sonrisa burlona fue su única respuesta.
Frente al espejo observé mi rostro brillar bañado en sudor, coloqué la nuca bajo el grifo y me humedecí la cara y el pecho. Mientras me estaba secando vi que no estaba solo, me asuste.

- Tranquilo – murmuró irónicamente -, me pareció que te encontrabas mal.
- Estoy bien – le contesté – sólo es este asfixiante calor... está siendo el verano más caluroso que recuerdo, ambos éramos extranjeros en la ciudad, tomo una toalla y puso alcohol en mis heridas, las limpiaba mientras me decía: todo esta bien mi niño, todo esta bien.

Lejos de marcharse, se acercó hasta que la sentí pegada a mi espalda, olisqueándome como una hembra en celo. Con una mano soltó el sudario mientras con la otra me apretó contra ella. Cada vez que me tocaba un escalofrío recorría todo mi ser, a su lado me parecía que siempre había sido suyo, incluso antes de mis primeros recuerdos. Por el espejo vi cómo se despojaba de la camisa y comenzaba a recorrer mi cuerpo con su lengua, primero el cuello y la columna, para entretenerse después en cada una de las heridas que me había hecho, adentrándose cada vez más en ellas.

Inclinado sobre el lavabo apenas osaba respirar por temor a que parase, entonces se arrodilló y me conminó a separar las piernas para después meter mi miembro en su boca, así  permaneció largo rato recreándose en cada vena. No sé cuando paró, no sentí que lo hiciese, pero, de pronto, estaba dentro de ella cabalgándola como un poseso, con mi miembro duro y caliente golpeando sus entrañas, multiplicándose, como si varios y no solamente yo la estuvieran poseyendo.

Tras una reparadora ducha nos acomodamos en el salón; abrazados en un enorme sofá, se entretuvo largo rato acariciándome el pelo. Después se levantó, y arrodillándose, comenzó a lamerme los pies, tan dócil como un perrito que busca las caricias de su amo.
Su cuerpo, antes femenino y provocador, se tornaba ahora más redondo e infantil, mientras sus ojos, clavados en los míos, lanzaban una muda petición. Lentamente se dejó caer sobre la alfombra y pude observarla, blanco, desnuda, temblorosa e indefensa...  sus pequeños senos a la medida de mjis manos, su cintura hecha para mi brazo.

Mientras su mano apretaba mi miembro, con la lengua trazaba círculos alrededor de mis pezones, mordiéndolos sin compasión, hasta que pequeñas gotas de sangre se asomaban, me dolía, pero cuando estaba apunto de gritar ella ponía su dedo en mis labios y decía: ya, ya esta bien... sigue así mi niño. Un dolor intenso me estremecía pero no podía pedirle que parara, sus ojos eran tan tiernos...

Instantes antes de que se llegara la hora de partir de su casa, la ropa nos volvió a dar nuestros papeles, tomamos un ultimo café y fumamos unos cigarros, hablamos un poco de Schopenahuer, Wagner y las clases que en ese  momentos estaba dando yo en la universidad, me hablo emocionada de su siguiente concierto y me dio un boleto de primera fila, para decirme:

Prométeme que después del concierto vendrás a mi casa...

No pude contestar....

Cuando salí de la casa e intente subirme al coche, el dolor me  impedía moverme, todo el cuerpo me ardía, note que por la camisa se asomaban gotas de sangre a la altura del pecho y brazos. Sentí la necesidad de irme, de huir de aquella casa, de dejar atrás esa decadencia que hacía difícil hasta respirar. Una vez más me marché, repitiéndome que sería la última vez, sin embargo, mientras me alejaba, su voz seguía resonando en mi cabeza, sabiéndome presa ineludible e irremediablemente de sus designios... pensando en la excusa que por séptima ocasión le tendría que decir al medico para explicarle el motivo de mis heridas.
Almacenado en Yohan uribe jimenez [ Enlace | Tres comentarios ] del.icio.us del.icio.us Estrella este post *****

Han escrito 3 comentarios de «Me confieso adicto....»

foto roxxybombon
Jueves 27 de marzo, 2008 13:16.

jajajajajaaajajajajjajajaa me dio risa dr. house… mui ciertoo…

sss ele scritooo awwww k sexoso y chido… jejejeeje si me gusto.. loe scribiste? o te lo rateaste?-...

foto regina
Sábado 29 de marzo, 2008 16:09.

Mientras lei lo que escribiste pude transportarme a esa habitación y presenciar toda esa escena, llena de pasión, de deseo, de ansiedad de uno y de otro…

Me encanto.. una pregunta indiscreta… lo viviste o es algo q leiste en algun lugar?

foto regina
Sábado 29 de marzo, 2008 16:11.

Mientras lei lo que escribiste pude transportarme a esa habitación y presenciar toda esa escena, llena de pasión, de deseo, de ansiedad de uno y de otro…

Me encanto.. una pregunta indiscreta… lo viviste o es algo q leiste en algun lugar? si lo leiste me podrias decir el autor?

Si usted tiene una cuenta en ymipollo.com, identifíquese:
Usuario: Password: (recordar identificación en este blog)
De lo contrario, escriba sus datos (todos los campos son obligatorios.):
Nombre: Correo E.:
Blog/Web: recordar datos.
[ si eres visitante puedes obtener tus comentarios con foto suscribiendote a gravatar. Tenga en cuenta que como usuario anónimo, su dirección IP será almacenada y mostrada al dueño de la entrada en cada comentario. ]
Escriba su comentario:
Por favor escriba respecto al post, procure revisar su ortografía. Si su comentario no es respecto al tema, por favor no lo haga.

Usted escribirá este mensaje como:
Es posible que su comentario no aparezca de forma inmediata (o que nunca aparezca) eso depende de la decisión del autor de este blog.

suscribirse a este post.