anécdota
lun 07 de agosto, 2006 - 18:23
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Música actual: nos sobran los motivos




De los días olvidados en el pasado caluroso
de las noches que pasaba hinchada en un vaso de brandy
cuando las noches eran inacabables
cuando la música sonaba azul
sonaba roja de calor , de pasión de locura
amarilla como la luz del sol
hiriente como un púrpura del atardecer
entonces yo tenía los ojos brillosos de tanto desvelo
entonces el alma estaba hueca y llena de punzos
sentía a cada momento que mis manos temblaban
sentía la ansiedad
la necesidad el nervio
estaba eternamente desesperada
necesitaba algo y no sabía que , no había paz y entonces
en un pueblo perdido también mi vida se perdía
y me encontraba tirada en un hotelucho de paso
bañada en una botella derramada sobre mi cuerpo de caña
sobre una cama en la que seguramente mil cuerpos habían descansado
y otras tantas habíanse agotado más aun
descansar era lo que deseaba y el mundo no paraba de girar
necesitaba terminar con esa vida de humo y placeres
de alcohol y el dulzón sabor de la marihuana
necesitaba acabar con el amor que sentía por tí
y el brillo que iluminaba tus pupilas día con día
me desesperaba mas que tranquilizarme tu estadía
y me enloquecía cada momento en el cual no estabas
no estoy segura a estas alturas que aquello haya sido amor
pero se tenía que acabar para darle paso a interminables noches
de juerga con un vaso de leche en la tarde
con un vaso de jugo de naranja por las mañanas y
el dulce bálsamo del amor
pero por días recuerdo aquello
y no añoro tu amor
pero añoro lo que sentía entonces es el sentir masoquista de cualquier ser humano
yo era increiblemente feliz sin dejar de ser triste
puesto que no sabía lo que era la autoestima y clavada en mi sueño oscuro
día con día esperaba lenta y pausadamente caminar por ese tunel esperado de la muerte… con un poco de blues a mi lado y aguardiente escurriendo por las comisuras de mi boca
y una colilla de cigarro quemando quizá una parte de mi pantalón al tener la mano totalmente caida y la mirada perdida en el azul profuso del mar
como en un cuento sin cordura, e infernal que solo tiene fin en el momento en que la última gota de alcohol cae sobre los labios y la botella se desquebraja en miles de cristales que semejan el firmamento , al caer de la mano tremula de quien con una sonrisa y recordando hoy escribe esta pequeña anécdota del ayer…
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