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K px con l txt

Hasta hace unos años, con  el auge de los mensajes de texto en los teléfonos celulares, entendí la optimización de tiempos de escritura en detrimento de la ortografía y gramática: prioridad a lo pragmático. Era divertido leer cosas como “ps k kk xq tqm”, sin embargo esta practicidad ha generado una tendencia a reducir las opciones de expresión escrita en medios de comunicación en boga (léase facebook y twitter) por no mencionar en contextos donde la formalidad es obligatoria. Se entiende que en los SMS el contexto justificaba el lenguaje pero el abuso de esta forma de comunicarse, aunado a la clásica falta de apego a la lectura de diarios, libros, revistas, sólo trajo con sí una verdadera atrocidad. Lo que me parece una negligencia es el hecho de que actualmente los navegadores cuentan con herramientas muy prácticas para agregar correctores ortográficos en tiempo real, y ya no es necesario apachurrar ningún otro botón, ni secuencia de teclas, basta con escribir y percibir las recomendaciones de corrección ipso facto. ¿Qué más se quiere? =mas= Es verdad que esto es también una tendencia a pretender ser original y expresarse fuera de las formas normadas y ortodoxas, digamos que es una suerte de pretexto a la rebeldía al establishment (aunque en algunos se presente en edades tardías). Sin embargo, cuando ya son millones de personas las que se comunican así, deja de tener sentido ideológico en aras de rebelarse, luego entonces todo se reduce a una simple pereza gramatical, para no chercher trois pieds du chat. Se puede decir que tanta tecnología mata. Las actuales generaciones presumiblemente más cibernéticas y plug’n’play difícilmente sabrán llevar a cabo sencillas tareas de configuración de sus equipos de cómputo embadurnados en esta coherencia: la tecnología les exime de llevar a cabo específicos esfuerzos intelectuales que están cercanos a pasar de moda, incluyendo aquel de ejercer la belleza del deporte de escribir “bien y bonito”. En mi percepción, el ejercicio de la escritura no debe llevar un esfuerzo, no se trata de seguir estúpidas reglas que atan la libertad del lenguaje, sino que se trata de entender la lógica, secuencia y cadencia que llevan dichas reglas para no verlas como tales, y llevarlas a cabo sin esfuerzo, dando énfasis a la original manifestación de ideas que es donde se ejerce la libertad de expresión, usando como base una coherente forma de escribir. ¿A poco no es atroz ver una aventurada manifestación de amor con garrafales faltas de ortografía? Quien diga que no importa se hace buey.  

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