entrar al gallinero

A'bram: sin colorantes artificiales erase una vez...

¿El naranja se llama así por la naranja, o la naranja se llama así por el naranja?

Sobre esos a los que les duele muchísimo este nuevo México


Quizá por haber sido educado entre personas de edad muy superior a la mía y conocer a los niños como yo hasta ya bien entrados los cuatro años, mi admiración por las personas mayores siempre ha sido notable y entre tantos pensamientos me asombra la idea de que aun sigan vivos, de que no se hayan quitado la vida cuando yo, por ejemplo, por estupidez y media lo he pensado seriamente…


Pero allí estaba yo, esperando el pesero que me llevaría de regreso a casa después de haber dejado en el taller mi motocicleta, recapitulando en mi mente lo carísimo que me saldría la reparación, lo injusto del aumento en las tarifas del transporte público (un aumento ilógico y desproporcionado) y la noticia fresquita en mi celular, de que a escasos minutos habían asesinado a otro narco-menudista de mi ciudad (otra vez)

Entre balas, hormigón, la bufa y la yusa, y toda esta gallarda mental, un hombre de unos setenta años se detuvo a esperar a mi lado el mismo pesero, su mirada vacía, su rostro desangelado y esa mascarilla gris con la que se enmascaran los que no se pueden dar el lujo de mirar más allá del final de la quincena, hicieron que me decidiera a escribir este post…

Tengo treinta años, casi treinta y uno.  Si, me tocaron los viejos pesos y supe todo lo que se podía comprar con una moneda de la Sor Juana, viví un México en el que aun contrataban mujeres embarazadas (mi madre) y donde México, más que parecer la mascota fea de Estados Unidos, era como su hermano menor.

Y ahora en pleno 2017, pareciera que nuestro país se ha ido directito al traste, y si, nos duele, nos duele haber perdido la ilusión, la certeza de que México iba bien, y es que hasta hace poco tenía el sueño de jubilarme algún dia y hoy pienso que eso ya no será posible. Antes quizá soñaba con trabajar para poder irme de vacaciones a otro país, y hoy sé que trabajar servirá para pagar bien las cuentas y ahorrar para mi retiro. Antes pensaba que había algo de dignidad en la política y hoy sé que no son más que una bola de payasos sínicos y lascivos.  Pero ese hombre en la parada del pesero, ese hombre podría quejarse como ninguno de nosotros podría. Llegue a la conclusión de que esas personas definitivamente vivieron en un México mucho más verde y productivo, un país que fue premiado con unas olimpiadas, en una época en la que el mundo le sonreía, donde la idea de tener muchos hijos era tan fácil de tomar como la de comprar un televisor en blanco y negro. Ellos, pobrecitos, vivieron el México que nosotros ni siquiera soñamos.

Y soy empático con su dolor, porque si ahora me duele pasar de los cuatro cilindros de un coche al mono-cilíndrico de una moto, imagínense a ellos que disfrutaron de los robustos ocho cilindros, es demasiado, es perder demasiada potencia.

Quizá ahora me detenga a reflexionar un poco antes de quejarme, o antes de criticar a un viejo cuando se queje. A nosotros nos ha tocado pasar de un país regular a un a podrido, pero a ellos les ha tocado caer desde lo más alto.

 

Al final y como siempre, siendo tan pesimista como yo mismo, solo me queda el consuelo de saber que la vida viene con fecha de caducidad y que por lo menos ellos estarán descansando de este absurdo circo y a nosotros, con tal vez aun algo de vida por delante, nos tocara ver si México pasara a formar parte de los números negativos o si, con un poco de suerte, empieza a retomar el vuelo.


Tengo un molusco en lugar de un corazón.

… y aquí estoy, nuevamente, intentando de manera sobrehumana entender una parte de mí mismo, de mis sentimientos.

Yo (desde no-sé-bien-cuándo) he sido de sentimientos duros, como una concha. Jamás he sido de lágrima fácil, ni por la muerte de un familiar, ni por la muerte de una mascota, ni por una decepción amorosa o incluso cuando me he topado con que el mundo no es como me lo imagino.


He crecido como cualquier chavo mexicano promedio, ni rico ni en la absoluta pobreza (aunque casi) y sin embargo y por algún motivo, cuando algo que normalmente hace llorar a las personas me ha ocurrido, en lugar de entregarme al sentimiento prefiero apretar el tórax y pensar, pensar detenidamente…

Siempre he sido defensor de que detrás de cada acción de las personas existe un motivo, y que casi siempre es un motivo valido (al menos para ellos). También estoy convencido de que no existe un dios y que prácticamente todo lo que ocurre es producto de la casualidad, o el resultado una serie de eventos de los que muchas veces no llegamos a ser conscientes.

Generalmente, cuando me pasa algo que debería golpearme el alma, o romperme de algún modo, empiezo a recapitular los pasos que me llevaron a ese punto, o los pasos que llevaron a la persona a lastimarme, o a mi amigo a morirse y de algún modo eso me tranquiliza, me llena, me resulta notablemente coherente y lógico y entonces el sentimiento pasa a convertirse en un simple hecho innegable, una realidad, una verdad, y yo no tengo por qué sentirme abrumado por eso.

El caparazón de este molusco se hace más grueso, más ancho y de espinas más agudas. ¿Es mi falta de empatía, quizá, razón para lastimar a otros?, ¿Es que otros buscan en mi a un ser humano semejante y no esta cosa, este ser?

Quizá es por mi forma inocente de ver el mundo y de que casi siempre, para mí, todas las personas son como libros abiertos que no tardo demasiado tiempo en leer y entender. Quizá sea porque voy con esperanza en la mirada pero sabiendo que el ser humano es una tormenta en un costal de aparente calma, que las personas muchas veces lastiman por lastimar y entiendo este hecho como algo natural de las personas y entonces, cuando ocurre, no me sorprende.

Quizá es el hecho de que desde siempre me han gustado las historias, que pienso y creo que debajo de cada piedra, en cada lata de cerveza o el más triste vagabundo existe una historia y que estas no son buenas ni malas, ni apreciables o despreciables, sino historias, cuentos y cada uno es tan maravilloso como el de otro.

 

Sé que un buen día mi concha se romperá, sé que dolerá, y sé que escribiré acerca de ello.


una vivencia paranormal (segunda parte)

... tras la visión, como si un relámpago iluminase mi mente, la atmosfera de tensión y suspenso habrían desaparecido junto con el ser. Es extraño describir lo siguiente, pues físicamente solo pude observar sus pies, pero es como si dentro de mi cabeza se guardase la imagen de aquel ser completo. No era demasiado grande, menos de un metro, su piel era gris, muy arrugada, como la de un anciano. Tenía a su vez el aspecto de una rata egipcia, con algunos pelos muy gruesos y negros aquí y allá... El rostro maduro, severo, con un arco muy pronunciado en sus labios dibujando un completo signo de desaprobación. El señor fuertemente fruncido, como si la sola imagen de este mundo le lastimase la vista. Unas cejas oscuras, grasosas y unos ojos grandes, desproporcionados para su cabeza, para cualquier ser humano, grandes, inyectados en sangre y con las pupilas dilatadas… mirándome fijamente sin parpadear.

 


De pronto, el tiempo comenzó a correr nuevamente y de todos los fenómenos que describí, solamente podía recordar nítidamente la imagen de ese ser. Juraría incluso que me habló, pero sería, quizá, ir demasiado lejos. He intentado, repito, escribir solamente las cosas que recuerdo sin exagerar o agregar elementos que no ocurrieron pero por alguna razón siento, como una vaga región de mi cerebro, que me faltan muchos detalles. Es como querer contarles un lejano sueño, afortunadamente, aún conservo un dibujo que hice del ser, a la mañana siguiente.


Cuando en mi adolescencia me metí en cosas que no debía (una vivencia paranormal)

(Llevo un par de semanas preparando este post ya que no conseguía recordar muchos detalles, muy dentro de mi sé que me falta agregar muchas cosas pero no puedo materializar exactamente el qué, sin embargo creo que logre exprimir bastante de este trauma del pasado, si eres una persona a la que estos temas les mueve o eres ultra sensible, bueno ya sabes que hacer para no sugestionarte)

Cuando tenía una edad y era el doble o quizá el triple de lo tonto que soy ahora, inspirado por algunos rituales para invocar fantasmas en internet, un poco de dinero y mucho tiempo libre, me dispuse a averiguar, de una vez por todas, si el otro lado en realidad existía.

Mi idea no era solamente hacer un ritual simple como Baby Blue, o Blody Mary, no, conseguí en internet los rituales más famosos con supuestos resultados satisfactorios y me decidí entonces a realizarlos todos en la misma noche, por alguna razón pensaba que de por lo menos veinte rituales, alguno debería surtir efecto.

(Resulta un poco complicado nombrarlos todos o de que se trata cada uno, no es difícil encontrarlos en internet, algunos van desde escribir cosas en los cristales, hacer como que cargas a un bebé o incluso dibujar cosas en el suelo…)

Realizarlos todos me llevo alrededor de 40 minutos, como todos sabemos, comencé alrededor de las dos de la madrugada para terminar a las tres, la hora de las brujas. Hasta cierto punto me sentía ridículo haciendo todo aquello pues mi escepticismo era grandísimo y en mi razón, para lo lógico y matemático que soy, todo aquello no eran más que patrañas sin embargo…


En aquella habitación, a los pocos minutos de haber terminado los estúpidos rituales, la temperatura de la misma se precipito a niveles que mi cuerpo no había experimentado antes. El repetitivo y errático chasquido de mis huesos, el vaho que inmediatamente comenzó a presentarse y una sensación en el aire de que algo iba terriblemente mal fueron no más que la antesala de que lo enseguida ocurriría…

Con la profunda sensación de hielo en mi pecho, de escarpias clavándose en el interior de mi caja torácica, y un latido, que podría apostar seria audible para cualquiera que estuviera cerca de mí, cometí el gravísimo error de darme la vuelta y mirar al rincón más oscuro de la habitación.

Es difícil describir la sensación, es cierto, porque entrada la madrugada y sin alguna fuente de luz natural o artificial, resultaba complicado aguzar la visión siquiera para poder alcanzar a ver mis propias manos, pero en aquel rincón se desparramaba una oscuridad aún más intensa, aún más presente y he llegado a pensar, en estos días, que aquello no era visible al ojo humano, aquello era algo que se observaba con la mente, con el instinto o quizá con alguna especie de mirada espiritual.

Recuerdo empezar a escuchar ruidos, ruidos orgánicos que se confundirían fácilmente con el gruñir de unas tripas cuando tienes hambre, algunos chirridos muy calladitos, como si la estructura de la habitación se removiera de alguna forma, golpes como de tacones a la distancia. Racionalmente intentaba explicar cada ruido como quizá sonidos de la calle, mi propia sugestión, o simplemente el viento moviendo cosas en el patio, pero la cosa no fue así, lo supe cuando comencé a escuchar los susurros que se convirtieron en voces completamente claras.

Las voces no hablaban conmigo, no, simplemente decían palabras sin sentido: reloj, pasto, marinar, etc. Solo palabras, como residuos de viejas conversaciones.

Y todos estos sonidos, de pronto, parecían provenir de aquel rincón.

 

Apoyado con la luz tenue de la pantalla de mi celular y empujado por una malísima interpretación de mi instinto más natural de huida, me aproxime paso a paso a aquel rincón. Jamás pasó por mi mente encender la lámpara del mismo teléfono o de la habitación, era como si muy dentro de mi mente supiera que algo estaba allí observándome, que debía poder verlo y que la luz lo haría desaparecer. Jamás estuve tan equivocado… al ir espantando con la luz, poco a poco, las sombras del suelo y toparme, de pronto, con unos diminutos pies de aspecto cenizo.


Derramando

Deseo explotar, si, abrirme en canal y dejar salir al mundo al monstruo reprimido, pero mi lava puede llegar a quemar a terceros inocentes. Quiero tirarme tan fuerte del cabello que la almendra que es mi cabeza se parta por la mitad para liberar, por fin, a mis siniestras abejas, a mis mariposas envenenadas. Quiero teñirme de negro el cuerpo, representar el mal, pero no el mal siniestro que va en contra de Dios, no, el mal por él mal; el hambre, el cáncer, la miseria, la riqueza obscena. Quiero que las vocales de mi nombre desaparezcan y que al querer llamarme te muerdas la lengua, que te duela, que mi nombre sea el afta dentro de tu boca. Quiero que al tocarme sientas el profundo terror y desesperación que sintieron los primeros astronautas al llegar al espacio infinito, porque comprenderás por primera vez que soy infinito, y mi presencia te abrumara el alma, y no podrás entender cuán grande, cuan ser abominable soy. Entonces en tu profunda agonía querrás, desearas, rogaras por volver al vientre de tu madre, pero ya no existirá más vientre ni madre, porque lo habré devorado todo, incluso el silencio.


Las pinturas rupestres eran emoticonos...

Sobre una historia de “sexting”

Debemos entender que una de las lecciones más importantes en la vida es la de no prejuiciar a las personas. La historia de la humanidad se encuentra repleta de momentos en los que la mayoría han discriminado y “satanizado” a las minorías simplemente por pensar diferente o seguir otro estilo de creencias. El sexting, por más ridículo que suene el nombre, también se ha convertido en un objeto de debate y discusión incluso en algunos medios de información convirtiéndolo en una conducta aberrante, degenerada y extremadamente peligrosa, sin embargo, este escrito no pretende enseñar una lección ni dar cátedra alguna, simplemente se trata de una historia, de ponernos a pensar que ya todos conocemos lo peor que puede pasar, pero nadie nos cuenta de lo que ocurre en el mejor de los casos. Perdón por el sermón.

Todo comenzó en la época de MSN Messenger, con la novedad de la banda ancha, la creciente demanda de sitios de salas de chat, mucha imaginación, virginidad, una webcam y la mano con más pelos que los que crecían en la barba…


Siempre he dicho que tener que censurar parte de tu vida al llegar a anciano es una evidencia de que has vivido bien.

Ellos se conocieron en una sala de chat, como “conocerías” a cualquier persona a quien realmente no tienes enfrente. Es increíble la química que se puede lograr con tan solo escribir y leer un par de mensajes que no reproducen calidez o sentimiento alguno, al menos físicamente.

Lo ventajoso de esta época es que, tras el primer contacto,  podías despejar fácilmente cualquier duda mediante el uso de la cámara web, o algún mensaje de voz. Esto es un requisito importantísimo si tomamos encuentra que del otro lado del teclado podría encontrarse un viejo semidesnudo comiendo pizza haciéndose pasar por una chica de 17 años. Por supuesto no era la primera vez que el chico buscaba algo de acción usando estos medios, y más veces de las que hubiese deseado se llevaba un profundo chasco, pero de vez en cuando la persona en cuestión  resultaba ser real, al menos lo necesariamente real.

Ella sería diferente y para ser exacto la mayor diferencia radicaba en su inteligencia. Ella tampoco era nueva en esto, y no me refiero exclusivamente al chat, sino a lo que nos trae al tema: el sexting. Más adelante entre charlas él descubrió que ella había empezado este extraño fetiche a la temprana edad de 14 años, siempre cuidando no enviar fotos demasiado comprometedoras, mostrar el rostro y dar datos personales, reglas básicas donde las haya. Y, aunque en este punto podemos tener conflictos morales al respecto, debemos entender que en aquel mundo en el que los celulares eran escasos pero la adolescencia era casi la misma, de todas las posibilidades para auto-conocerse y dejarse llevar, conocer a personas a cientos o miles de kilómetros era, quizá, una de las más seguras si como en todo sabias cuidarte las espaldas.

Ellos coincidían abiertamente en este tema, resultaba incluso divertido y una cosa fue llevando a la otra hasta que aquello se convirtió en algo así como un pervertido juego de “convencer” al otro a entregarse a sus caprichos sexuales. Había seguridad y confianza que se fue ganando con las semanas y una vez creado el vínculo no resultaba difícil hablar de otros temas más personales como miedos, traumas, sueños, planes…

Al principio de este prometí una historia de amor que se generó en el escenario menos probable. Al cabo de unos meses el núcleo de haberse conocido, es decir la mera perversión y morbo, pasaron a convertirse en un tema habitual y hasta cierto punto secundario. Se hicieron amigos en línea, amigos de lejos, pero amigos al fin y lo que vino después fueron las cursilerías típicas de una pareja, pero sin olvidar la distancia.

Lo tenían todo, química increíble, ideas creativas, respeto mutuo, incluso la galantería y coquetería de los más experimentados adultos, tenían el deseo y la admiración y si, se gustaban físicamente. Las hormonas y neurotransmisores eran exactamente los mismos que en una relación real pero había algo que faltaba, obvio: contacto.

Llego la mayoría de edad y la necesidad de hacer un viaje era inevitable, se tendría que ahorrar algo de dinero pero al final él podría ir donde ella y al menos pasar la tarde juntos en algún café, y es que es notable darnos cuenta que lo más grandioso que les podía ocurrir en ese momento era simplemente verse, estar uno al lado del otro, aunque sus personajes fuesen monstruos insaciables. (Guarda la palabra “personajes” será importante)

Nos gustan las historias de amor con finales tristes, es cierto, pero no por el mero hecho de sufrir sino porque al haber terminado “mal” una relación, adquieres por lógica el derecho a comenzar una nueva relación aún mejor. Nos gusta no ponerle punto final a la emoción de vivir una historia y esta historia, así es, no tiene el final más feliz de todos… ¿O sí?

Habían construido una sinceridad y una confianza que podría resultar absurda, pues no tenían nada que ocultarse que incluso se decían algunas verdades que no eran necesarias. ¿En qué momento el “no contar” algo que será muy bueno, se convierte en algo terrible? Él le oculto el plan de ir a visitarla, y entre charlas, como recordando los primeros juegos para conseguir las primeras fotos en ropa interior, fue poco a poco recibiendo los datos de su ubicación.  Los mapas de Blackberry eran muy básicos en aquel entonces, pero ayudaban.

Si, él viajó. Mochila al hombro, música en el reproductor y una casi segura idea de dónde encontrarla sirvió para ir hasta donde ella estaba y la encontró.

Su corazón se quebró en tantos pedazos que incluso pudo saborear la sangre en su boca. Su silenciado quejido, como aquel que hizo cuando su madre lo abofeteo aquella vez cuando tenía cuatro años y se había orinado sobre la cama dejó escapar una lágrima infantil. Su campana de irrealidad se expandía cada vez más hasta incluso hacerle daño físico. Todo esto, cuando al estar de pie en aquella esquina  la vio salir de casa con dos niños uniformados para el colegio, con un esposo amable y cariñoso para abordar un coche notablemente del año. Pasaron a su lado, los niños jugaban en el asiento trasero y ella lo pudo ver, lo vio a los ojos pero no logró borrar el gesto familiar y amable con el que conversaba con su esposo.

Tras volver en si la invito a verse en cualquier momento del día que ella tuviera tiempo, y así fue.

Se vieron en un parque después de que ella pudo deshacerse de ese “pesado” refiriéndose a su marido. Hubo muchas respuestas: ella tenía en realidad 26 años pero lucía de menor edad, si conservaba su ropa de universidad y de bachillerato. Estaba casada pero no era plenamente feliz, le faltaba emoción en su vida y por eso se distraía dejándose llevar con desconocidos en línea, amaba a sus hijos, lo amaba a él, incluso más que a su marido.

“El mundo es así…”, dijo ella. “…Convierte a las personas reales en personajes y a los personajes en personas reales, yo, quizá solo soy un personaje en mi vida diaria, una vida en la que no puedo reconocer que me encanta que me observen, que me vuelve loca cumplir las fantasías de un muchacho menor que yo, una vida en la que no puedo decir realmente lo que pienso y lastimar a las personas cuando es necesario. Nacemos como personas pero en algún punto la sociedad nos convierte en personajes, y se nos da el guion de una obra que debemos actuar. Y los verdaderos sentimientos, los verdaderos gustos, fetiches, parafilias, incluso nuestros pensamientos más oscuros deben ser guardados bajo llave, si quieres, por supuesto, vivir bien.”

Y allí estaba la mujer de la que él se había enamorado, hablando abiertamente, expulsando mariposas de su boca al expresar cada idea y dejándolo completamente perdido, encantado. Allí estaba con quien quería encontrarse para quizá pasar el resto de su vida juntos y ¿por qué no? Así seria, pues ella volverá a su hogar a seguir viviendo la vida que ella decidió vivir, no la sociedad, pero su verdadero ser, su verdadero ángel y demonio no eran algo irreal, estaban allí, existiendo y él pudo, por un tiempo, ser dueño de todo ello. Incluso aunque ella ya no recordara su verdadero yo, y en esta etapa de su vida aquello le parecería algo más cercano a una aventura o un juego, él sabía perfectamente que había logrado conectar con el verdadero ser que habitaba en ella, lo tuvo y lo retuvo y lo consoló y lo volvió loco y lo hizo muy feliz.

Quizá por eso al despedirse ella no puro ocultar un gesto que reflejaba claramente que se despedía de un simple amigo, sino que algo se arrancaba de su pecho, algo muy profundo, único y sincero, su vulnerabilidad, su caricia al corazón verdadero.

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Al final los hubieran no existen y aquella historia terminó como fue necesario que terminara, ambos hicieron lo mejor que pudieron, pues uno no se despierta todos los días pensando en ser peor que el día de ayer. Pero todo ocurre por algo y me gusta pensar que de haber resultado en una historia real, ambos hubiesen sido tan felices que se habrían vuelto locos, o se hubiesen encontrado en el punto de “jamás volveré a encontrar esto en mi vida” se hubiesen suicidado ambos en la cama en un día feliz y hubiesen muerto con una sonrisa, pero estas ideas catastróficas son tema para otro post. El punto aquí es que la vida suele dar esos giros y que si nos limitamos a hacer sencillamente lo que es correcto o moralmente aceptable quizá nos perdamos de la oportunidad de crear historias increíbles convirtiendo lo que para muchos es oscuridad en algo brillante. Existen posibilidades en todo, el mundo está repleto de prólogos y en nosotros queda el resto de la obra.

¡He dicho!


“Cómo decirte que me has ganado poquito a poco, tu que llegaste por casualidad…”

Sobre ser un gato curioso y morir como una sabandija.

 

No debimos querernos. Es doloroso pensar que llevas una vida caminando con cuidado, evitando los rincones oscuros no por temor a ser lastimado, sino por temor a encontrar “eso” que te abre en canal y se mete muy hondo y se vuelve familiar.

Fuimos amigos por cuatro años, el quinto fuimos novios, el sexto hicimos el amor de Lunes a Viernes, fines de semana no. El séptimo año fuimos adultos y empezando el octavo fuimos inevitablemente humanos.

La vida era divertida a tu lado. Conté todos los lunares de tu cuerpo (173) y aprendí ingles contigo. Nos quisimos y nos odiamos muchas veces y sin embargo jamás nos faltamos al respeto, jamás dejamos de admirarnos mutuamente y de sentir que estábamos en el lugar y el momento correctos.

Pero llego Facebook


Y con él, llegaron viejas amistades. Viejos capítulos de sin cerrar de una vida. Me lo contabas todos, me enseñabas las historias que habías vivido y yo creí, en serio creí que todo eso era historia pasada.

Te arrebataron, delante de mí y no hice para evitarlo. Me preguntaste ¿Por qué? ¿Por qué no pelee por ti como lo hubiese hecho cualquier hombre? Y te respondí: porque no sentí que te perdía. Pero toda ilusión se tiene que romper algún dia y la curiosidad casi siempre termina por matar al gato.

La noche anterior te fuiste de parranda con tus amigos de la Secundaria, un reencuentro ameno. Me contaste que habían hablado de muchas cosas, muchos chistes, muchos recuerdos y para mi estuvo bien. Nos vimos la mañana siguiente como de costumbre, hicimos en la cama lo de costumbre, y me dijiste lo que siempre me decías, a los ojos, como suelen decirse las cosas que son verdad.

Mi error fue entrar a tu Facebook a buscar no sé qué datos, tu error fue no borrar la conversación que tuviste con él. Lo que me rompió fue que le decías exactamente lo mismo que me habías dicho a mi esa mañana y que planeabas repetirlo y que yo era tan bueno que te dolía lastimarme pero que quizá así tenía que ser esto.

Alguien dijo que el terror real no consiste en enfrentarse a un monstruo, a una bruja o a algún fenómeno horripilante. Que el terror es salir de tu casa una mañana cualquiera y ver que las flores del jardín están cantando opera. El terror es que la realidad, lo que entiendes por realidad, se desbarate como ladrillos de Lego delante de tus ojos y ese espacio en blanco que llena tu mente de no saber qué diablos está pasando.

Fui hasta el baño donde te duchabas, abrí la puerta de la regadera. Estabas desnuda, con el cuerpo cubierto de jabón. Sonreíste me abrazaste por el cuello y me metiste a la regadera con la ropa puesta. Quisiste besarme y comprendí que hasta ese momento no sabías, sinceramente, lo que pasaba. Te tome por los brazos con fuerza y entonces tu también… tu también viste las flores cantar. Te dije lo que sentía, te lo dije en serio como las veces que te dije que te amaba. Te lo dije con la misma aspereza con que te decía las cosas que quería que se grabaran para siempre en tu corazón. Te dije: “eres una puta.”

Los detalles no importan realmente en este punto, si, se terminó. Hablamos algunos minutos y después por horas por teléfono. Nos dijimos la verdad. Ella se molestó y me prometió que su plan es que todo siguiera igual que ella al final lo dejaría y tendría que vivir con eso pero que realmente quería perderme. Le dije que algún me hubiese dado cuenta. Lo terminamos por acuerdo común.

 

Si hay algo positivo en esta historia es que al final no perdí esa forma de ser tan confiada. Sigo entregando mis contraseñas pues no tengo nada que ocultar y en respuesta recibo confianza. Ya lo dijeron, no vale la pena apresurar lo inevitable, si algo anda mal, en su momento se sabrá


Un buen día me preguntaron qué quería ser de mayor, y yo respondí: ¡jubilado!

¡Sobre ser un niño pinche!

No se puede evitar llenar nuestra cabeza de recuerdos cada vez que en una cena, reunión o cualquiera-cosa en la que haya niños, vemos en lo que se han convertido estas pequeñas criaturas. Hoy con los Nintendos, los iphones, los pokémones y las dichosas tablets los vemos transformarse en lo que nosotros nos transformamos de igual manera, pero a una edad mayor: ñoños delicados.

Y es que yo pienso que la niñez es una etapa que ante todo, se debe llenar de recuerdos. Más recuerdos y menos prejuicios. Por eso, cuando lleguen mis hijos, yo la verdad quiero que sean niños pinches, pinches como lo fue su padre.


El niño pinche por naturaleza es travieso, aventurero, arriesgado. Es un niño que no teme descubrir el mundo y por supuesto, cometer errores y atenerse a las consecuencias. El niño pinche solo debe temerle a dos cosas: a la chancla de su madre y a los perros bravos, el resto del mundo debe ser un interminable campo de juegos. Yo quiero un niño que eche a volar su imaginación, que invente juegos o que juegue a los mismos de siempre, eso sí, respetando cabalmente las reglas de los mismos. Yo quiero que mis hijos sean pinches, si, bien pinches, de esos que los mandas a las tortillas y se gastan el vuelto en dulces o maquinitas (aunque hoy en día no hay maquinitas).

De esos que al cabo de unas semanas tienen el balón completamente gastado, parchado, y ponchado. De esos que les ponen bote de pau-pau a la llanta trasera de la bici para hacer ruido, mucho ruido, hasta que uno como adulto diga: ¡Pinche niño!, y nuestra boca este llena de razón.

 Yo quiero un niño que se corte, que le tenga miedo al violeta y al alcohol, que regrese raspado de andar jugando con los otros niños. Que sepa armar sus propias resorteras y “tirabolitas”, que sepa atrapar lagartijas para después dejarlas ir. Que se llene las manos de lodo de hacer pasteles y carreteritas. Un niño pinche de esos que con nada les matas la ilusión en la mirada y las ganas de seguir jugando. De esos que los mandas a bañar ya entrada la tarde, que tienen algo que contarte a la hora de la cena aunque sepan que van a salir regañados y que duerman pesadamente y sueñen con las travesuras del siguiente día porque al día, porque a cada uno definitivamente le harán falta horas.

 ¡He Dicho!


Si una chica de 17 años se pone un tratamiento para rejuvenecer 20 años ¿Se muere?

Sobre que le quemen el coche al vecino.

30 de Diciembre, 5:15 de la mañana.

El fuerte ruido de las bolsas de aire al estallar en aquel viejo tercer azulado, alertaron de inmediato a mis perros que histéricamente comenzaron a ladrar. Al abrir los ojos lo primero que note fue una intensa bola de fuego por la ventana de mi cuarto, misma que no se encontraba a más de 15 metros del incendio. Llame al instante al número de emergencia para enterarme que ya otros vecinos se habían comunicado y que los bomberos estaban en camino. Al final todo salió bien, ni el fuego se extendió hasta mi casa, ni se incendió el taller de carpintería de la colonia, ni el humo nos intoxico, de hecho, fue una suerte que esa misma noche una ligera pero tupida lluvia nos sorprendió en este desierto donde nunca llueve, y los árboles que estaban cercanos al coche, por el frio y la humedad, no se quemaron.

Es triste no saber quiénes viven cerca de ti, sobre todo en estos tiempos donde cualquiera puede ser un delincuente disfrazado de padre de familia. Ellos no son mayores que yo, tienen tres hijos y una camioneta de lujo y el muchacho… bueno, tiene esa pinta y gusta de esas cosas que ustedes ya saben y que no viene a cuento mencionar por no traer los estereotipos. No los juzgo por la apariencia, pero logre escuchar durante la madrugada una discusión en la que ella le reclamaba por andar metido en no-sé-qué cosas y que por su culpa ella salió pagando el pollo. Que a ver cómo le hacía pero que quería su coche de vuelta y claro, las bicicletas de los niños.

Después de estos la pareja se fue de casa, subieron todo a la camioneta que les quedaba y hasta el día de hoy no han regresado.

 Estoy considerando comprar un extinguidor para tenerlo en casa.

 ¡He dicho!

(la foto es real, la tome al amanecer)


coche quemado


El pelo en pecho es una extensión del vello púbico.

Sobre una navidad llena de juguetes.

De vez en cuando y al llegar a cierta edad, es bueno empezar a romper los paradigmas. Los paradigmas, en resumen son todas esas cosas que hacemos porque están metidas en nuestra cabeza y que no necesariamente hemos comprobado y terminan por controlar nuestro estilo de vida, creencias, ambiente y básicamente todo.

Esta navidad fue el momento adecuado de poner en acción un pequeño experimento (odio los experimentos sociales de Facebook) y darnos una navidad de infancia, tomando en cuenta que en esta familia no existen niños pequeños.

El plan fue simple: intercambio de regalos pero solamente de juguetes, que no pasaran de quinientos dineros. En la junta familiar nos pusimos de acuerdo sobre la lista de juguetes que nos gustaría recibir por parte de nuestro “santa secreto” y, aunque al principio la mayoría de los adultos se mostraron desangelados, al pasar de los minutos y tras haber roto el hielo, poco a poco fueron regresando a la época de su infancia en la que recordaban su juguete favorito o aquel que nunca pudieron conseguir. Esto no solo fue un ejercicio de imaginación, algunos de los familiares pidieron un par de días más, ya entusiasmados, para ir al centro comercial a investigar que juguete deseaban. Una vez hecha la lista se procedió al sorteo y lo que ocurrió el 24 por la noche fue…


… un rotundo éxito!

“Estaban como niños”, “El árbol estaba lleno de regalos”, “Parecía que volvían a los cinco años”, fueron algunas de las expresiones de la cena. El papel de regalo voló por los aires, y durante al menos una hora, todos estuvimos jugando entre nosotros como hace tantos años. Coches de control remoto, pistolas Nerf, muñecas, autopistas y demás. Definitivamente fue algo que no había visto ni sentido en muchísimo tiempo y me dejo un cierto aire de esperanza para el momento en que lleguen los hijos.

La reflexión sobre todo esto es muy simple, pues recurrimos a lo más básico de nuestra humanidad: la sorpresa, la ilusión, el ser niños por un momento y compartir. Quizá al crecer es cierto que nos olvidamos de muchas cosas, como diría el Principito, nos olvidamos de lo esencial. Se nos olvida que no está mal que al menos una vez al año seamos ridículamente infantiles, si ya tenemos un día para ser ridículamente cursis y otro para ser ridículamente lambiscones (día de la madre) Además, bien dicen que la única diferencia entre un adulto y un niño es el precio de sus juguetes.  Sin embargo la clave no está en auto regalarnos cosas, sino en hacerle la noche a alguien estimado.

Como dato adicional debo contar que estando en el supermercado y buscando mi regalo ideal, hice interacción con un niño a quien le pregunte cual era la mejor pistola de dardos. Fue una pregunta sincera y el niño vio esa sinceridad y entonces existió una misteriosa conexión. Una conexión con nuestro interior, con lo bueno, con lo simple e inocente. ¿Hace cuánto no conectas con tu niño interno realmente?

 

Espero hayan tenido una fantástica navidad y que el año nuevo haya llegado con mucha alegría y diversión. 2017 pinta para ser un año súper difícil y lleno de decepciones pero algo en mi interior ansia la siguiente navidad. En este momento lo único que echo de menos son los programas de Chabelo y su sección de juguetes.

¡He dicho!



¿A qué temperatura debe estar una Coca-Cola para ser perfecta?

Sobre no creerse todo lo que aparece en internet:

Ya lo decían unos poco celebres Youtubers a quienes sigo desde hace varios años: en Internet hay sitio para todo, incluso hay sito para las mentiras.

Esta Mañana lo primero que me encuentro en Facebook es a un señor haciendo un selfvideo donde expone muy emocionalmente su indignación hacia la sociedad por la muerte de unos niños en territorio nacional y se da tiempo de invitar al presidente EPN a expiar sus pecados con un acto de valor en el cual aplique justicia a quienes resulten culpables. Muy bien, las imágenes son fuertes y en los comentarios la gente le sigue la bola.

Pero no sé si es porque estudie en escuelas públicas o porque mi mamá no tomó suficiente ácido fólico en su embarazo, que siempre he sido una persona muy incrédulo incluso en las cosas que aparecen ser 100% reales. Nada como bajar la dichosa fotografía, hacer una búsqueda inversa en Google y descubrir que se trata de un atentado contra niños en palestina. Pero no se trata solamente de quedarnos hasta ese punto, cualquiera se podría conformar con esta respuesta, y quizá hasta podría ser totalmente valida, pero la cosa no debe quedarse allí, hay que investigar un poco más. Por ejemplo el tipo de ropa que llevan los niños, el peinado, los detalles en el lugar en que se tomó la foto como objetos, mantas e incluso las personas que están paradas al fondo de la misma. Todo lo demás que pudiera comentar respecto a este tema podría simplemente ser considerado como morbo y no viene para nada al caso, no se trata de eso sino de no quedarte conforme con lo que te dicen e investigar, al menos hasta donde tus recursos te lo permitan o al menos hasta que estés conforme con la respuesta.

Y esto de “estar conforme con la respuesta” es quizá lo único que tenga sentido de todo este escrito ya que, creo, este es el principal problema que tenemos como Méxicanos. Que el país está de la fregada es cierto, y que los medios ocultan cuanta información pueden también lo es (yo vivo en La Paz, en B.C.S, ¿cuantos de ustedes han escuchado en las noticias que de un año para acá TODOS los días matan de uno a cinco narcomenudistas en cualquier lugar de la ciudad y a cualquier hora?) Pero nos encanta, y me incluyo, repetirnos una y otra vez lo mal que estamos. Repito, no digo que no seamos víctimas, que no tengamos el peor gobierno de la historia y que sea imposible confiar en las autoridades, hablo sobre la actitud de derrota con la que nos levantamos cada día y los puntos en los que nos enfocamos a diario, los comentarios con los que contaminamos incluso a nuestros hijos: catástrofe.

Y las redes sociales no ayudan y menos si ya llegamos al punto en que comenzamos a “absorber” desgracias de otros países para volverlas nuestras. Como humanidad está correcto, todos somos un único ente y debemos tener empatía sin importar el país, la raza o el género (y me atrevería a decir que incluso el tempo) pero como país y como sociedad quizá debemos empezar a cambiar un poco la mentalidad y a crear en lugar de sacrificar. A aprovechar en lugar de dejar que nos quiten. A trascender en lugar de ser reprimidos.

 

Dicen que si una persona te dice que tienes cara de camello no debes hacerle caso, pero si diez personas te lo dicen entonces deberías mirarte en un espejo. Yo creo que de un tiempo para acá todos hemos sido parte de convertir a México en una espantosa caricatura de lo que podría llegar a ser.


Ketorolaco

Todos los días, casi siempre a la misma hora, empieza esta rutina diaria: suena el despertador, no quieres pero debes levantarte, tienes compromisos (trabajo, escuela, novia, etc.). La irremediable libertad a la que estamos condenados te abraza como un pulpo a tu cama y no quiere dejarte ir, pero hacemos fuerza y ahí va de nuevo, como ayer, como mañana: la feroz batalla contra nuestro yo más interno y primitivo que sabe bien lo que es justo y necesario para nosotros. Pero ya no vives más en un mundo primitivo.

Es lo mismo. La misma paste de dientes, el mismo shampoo, la misma temperatura en la taza del baño que te hace respingar, la misma calle, los mismos vecinos, los mismos policías, el mismo cielo, el mismos sol que despierta, el mismo ronroneo del medio de transporte que utilizas o en su defecto, el mismo sonido de tus pasos por la calle. Existen leves cambios, si, un accidente o algo extraordinario que pueden hacerte pensar que la vida ha tomado un pequeño giro pero incluso tras la muerte de un familiar querido (y sabes que esto es verdad) la vida, lentamente vuelve a ser la misma, y los familiares comenzaran a morir más seguido, y los accidentes solo serán parte de la estadística.  

Y todo esto, con los años, te cansa.

Eres el resultado inmediato de una constante evolución por un fenómeno tan rutinario que ni siquiera te das tiempo de desear los cambios. Aparece tu primer gallo, tu primer vello púbico y de pronto eres adolescente, tu primer trabajo, tu primer hijo, tu primer divorcio. Nadie se ha detenido a desear esto, pero una vez que su sucede solemos decir que era algo que esperábamos. Es como vivir la vida hacia adelante, pero justificándola hacia atrás, loco ¿No?

La solución está en los detalles.

Después de haber leído esto y si te identificas de alguna manera, piensa que no todo es tan gris como lo pinto, que de hecho, puedes encontrar en esta “rutina” un infinito coctel de detalles que, si los sabes aprovechar, harán que cada día sea una especie de aventura emocionante. Huele algo nuevo, intenta identificar de qué se trata. Escucha con atención, existen sonidos que siempre cambian y música, música en donde menos te lo imaginas. Observa todo lo que puedas y hasta donde alcance tu vista pero no pretendas ser un artista, no, observa las cosas ordinarias;  los árboles, los colores del cemento, el escote de esa muchacha, observa, imagina, fantasea. No solo toques con tus manos, toca con tus labios: acercar ciertas texturas a tus labios enviara un paquete de información a tu cerebro de sensaciones compleja, con cuidado obviamente, pero me refiero a que uses todo tu cuerpo, no solo lo que te han enseñado, ¿Has pensando en tocar las paredes con la espalda? Por ejemplo.

Deja de lado el celular, el ipad, las noticias que ya sabemos lo que van a decir y que también sabemos que nadie hará nada para cambiarlo.  Empieza a cambiar tus paradigmas, empieza a ser consciente de ti mismo y de lo que te rodea. Piensa y cuestiónate incluso las cosas más ridículas, no importa, si pasa por tu mente: ¡investígalo!

 

Estoy seguro que poco a poco los días ya no parecerán ser lo mismo, aunque lo sean, que esa libertad de la que hablamos ya no te querra amarrar a la cama sino sacarte de ella. Que incluso tu trabajo o escuela o la habitación de tu novia, se convertirán en un jardín de juegos con posibilidades infinitas. Recuerda los detalles y piensa en las posibilidades y todos los días, al despertar, desea algo para tu día. Creo que la cosa te puede ir muy bien.


Así es...

Sobre la constante necesidad de hacer lo “políticamente correcto”.

Durante el día, tu rutina diaria o en horas de trabajo, te has dado un momento para pensar ¿Por qué haces lo que haces? ¿Te has observado en el espejo hasta perder la conciencia de ser quién eres?

No vengo a escribir de lo que todos ya sabemos, de las múltiples personalidades, de que todo lo que es reprime se convierte en perversión y todo eso. Resulta muy fácil ponernos simplemente a describir las consecuencias – o síntomas- de un fenómeno que cada vez es más común y que nos está destruyendo desde hace algún tiempo: lo políticamente correcto.

Déjame decirte en este punto que estoy seguro de que lo piensas por un instante y te observas hacia adentro, notaras que de hecho son muy contadas las ocasiones, lugares y situaciones en las que eres como realmente eres, quien realmente existe dentro de ti, ese que se expresa cuando está completamente a solas ya sea en su cuarto, en el baño, en un ropero, cuando estamos seguros de que nadie nos observa y por consecuencia nadie nos juzgara.

“A cada quien le huele bien el pedo de su culo” dicen algunos, y no vamos a negar que ante ciertas personas diremos tener una determinada postura que no necesariamente va de acuerdo con lo que nosotros pensamos. Los ejemplos pueden ir desde lo más cómico hasta lo más pervertido e incluso, hasta lo más terrorífico. Estos seguro que todos, más de una vez, hemos tenido pensamientos completamente contrarios a los que nuestra naturaleza humana nos indica.

Sin embargo y aunque con esfuerzo logremos se conscientes de ello e incluso lleguemos a pensar que no hay razón para ocultar nuestras costumbres, creencias o hábitos (buenos o malos) puedo decirte que es imposible que la cosa a nivel global cambie. Porque la sociedad, tristemente, no es la suma de todos sus individuos, sino un ente independiente, autorregulado y censurado que obedece a no-se-qué altas esferas.

A mi no me importaría escribir esto si supiera que todas las personas son felices al comportarse de manera políticamente correcta, o si en cambio supiera que todos conocen estas verdades y juegan a ese juego absurdo mientras son conscientes de que en su intimidad son libres. Pero no, he descubierto que existen personas que realmente se frustran ante esta situación que llegan incluso a generar el pensamiento de “quizá soy yo quien está mal” y no consiguen ser libres. Libres, claro, dentro de las limitaciones del juego, pero libres hasta cierto punto de no sentirse mal. Si hasta este punto lo que he escrito te identifica y tienes cierta preocupación, déjame asegurarte un par de cosas que te mandaran al resto del día con una sonrisa:

1-      No existe bien ni mal, solo consecuencias y acciones y todo tiene una razón de ser

2-      Existe un universo infinito de posibilidades y libertad en donde tú eres dueño de todo lo que existe y ese universo está dentro de ti, nadie, ni tus papás, ni la religión, ni el gobierno pueden afectarte en ese lugar, y allí, todo, absolutamente todo es correcto.

3-      No puedes evitar jugar este juego, es lo que está de moda a nivel mundial, pero si puedes no ser un títere y ser tu quien realmente está jugando con ellos.

4-      Por último, no te preocupes, no te estreses, tu eres único, individual, independiente y nadie puede juzgarte si no eres tú. No vayas por el mundo dañando a los demás, aunque eres libre de desear hacerlo y por favor, aprende a reírte de ti mismo.


Pesándolo un poco...

Cuando llegué a Ymipollo yo tenía 21 años, pesaba 30 kilos menos y medía 2 centímetros más de altura. Tenía el cabello largo, completamente alborotado, usaba lentes y no era demasiado fan de las redes sociales. No mucho tiempo atrás había dejado de fumar, y beber nunca ha sido un deporte para mí. Me movía en transporte público pues jamás he aprendido a manejar coche.

A mis 21 años el mundo cada vez se volvía más fácil, si, empezaba a tener más sentido. “Existe en todo una oportunidad y de nosotros depende el qué hacer con ella”, era mi pensamiento habitual. Me arriesgaba demasiado y estaba completamente seguro de no tener miedo, al contrario, iba por la vida buscando emociones que de alguna manera me ayudaran a sentir vivo.

Me creía artista, escritor, poeta, filosofo, invencible, único, original y capaz de todo, diferente, afortunado y con una terrible necesidad de ser feliz. Aquí encontré la felicidad por un tiempo, claro.

Ahora a mis 30 me levanto temprano, me baño y muchas veces olvido afeitarme, trabajo 50 o más horas a la semana y los objetivos de un equipo de 26 personas dependen de mí. Estoy más gordo que nunca, con unas ojeras que parecen lentes y he perdido casi por completo la audición del oído derecho. El corazón de cuando en cuando me falla y da “pataditas” y me hace toser. A mis 30 no aprendí a manejar coche, pero aprendí a manejar motocicleta y voy por la ciudad sin usar casco, le perdí el miedo a los golpes cuando tuve mi primer accidente 3 años atrás. Debí romperme muchas cosas pero no paso de quedarme semidesnudo con la ropa hecha jirones y sobre un pequeño charco de sangre, demasiados raspones, no hubo necesidad de ir al hospital.

A mis 30 ya no pienso que la vida sea súper fácil, pero tampoco que sea demasiado difícil, “Puedes hacer de cualquier cosa una oportunidad o puedes simplemente seguir viviendo y aguantar un día más” es mi nueva forma de pensar. A mis 30 he vuelto a sentir el miedo. Me da pánico la diabetes, el cáncer o cualquier enfermedad de ese estilo, y me aterra la simple idea de ir a parar a un quirófano y recibir anestesia general, simplemente no soporto la idea de no ser consiente de mí mismo.

He adquirido nuevas manías, de un tiempo para acá hay días en que no siento ciertas partes del cuerpo, como la espalda, detrás de los codos o los muslos, no es frecuente pero todas las mañanas me aseguro de que todo se encuentre en orden, entonces sé que será un buen día, pero si no, si algo falla, entonces procuro andar con cuidado.

A mis 30 aun me gustan las tormentas, los huracanes, los incendios. Me gusta todo aquello que es más grande que tú, que te hace sentir pequeño y que sin embargo siempre te deja la posibilidad de salir a salvo. Pero me dan mucho miedo las abejas.

Puedo curarme solo, tengo tres perros, pago los servicios, y aprendí a hacer el Super.

Sin embargo en este mundo hay algo que me preocupa y que me gustaría lograr: ser inmortal. Me gustaría quedar plasmado en algún libro, periódico o en algún rincón de la historia por haber hecho algo, algo muy bueno o muy malo pero algo al fin. Algo se me ocurrirá, en teoría me quedan otros 30 años para conseguirlo, ¿no?


Me archirrqueterrecontracaga...

La gente que no lleva preparado el dinero cuando va a pagar en el oxxo, que se espera hasta saber cuanto va a ser para sacar la cartera y contar el dinero. La gente que da vuelta en U en lugares que no son para eso y mas aun esos que dan la impresion de que se arrepintieron o se les olvido algo. La gente que critica cosas que ellos mismos hacen. Los que protestan en facebook. Los que se indignan por cosas que no pueden ni podran cambiar. Los que buscan pretextos para no ir a trabajar y otros tienen que sacar el trabajo. Los que lloran en el cine. Los que manejan hablando por celular. Los perros mal educados.

si...

Si me quedara soltero volvería a agarrar el vicio de fumar por lo menos dos cajetillas al día. A mis treinta quizá ya podría hacerlo en frente de mamá y papá, claro, si es que vuelvo a verlos algún día. Seguramente volvería a usar internet, a gastar cientos de horas en hacer básicamente nada, a buscar en las salas de chat mujeres para conversar y ya entrados en confianza pedirles esas fotos que todos queremos mirar. Nostalgia me da de pensar que el mundo ya no es el mismo de hace apenas diez años, que tantas cosas han cambiado, tantas se han terminado.

Si pudiera volver atrás amaría más, habría sido más valiente, más aventado. Hubiese robado más besos, hubiese compartido más sueños, mas acostones imprudentes, más te quieros a media noche, mas “por favor nunca me dejes”, más sincero, más despierto y más idiota.

 

Si pudiera volver atrás me hubiese enamorado perdidamente de mi primera novia, así hubiese aprendido sobre el amor a una mujer y talvez, sabiendo eso, hubiese sido mejor hijo con mi mamá (que ahora veo que no todo lo hacía tan mal)


hp

Un día aburrido en el trabajo, de esos que no tienen chiste. Es feo haber estado en la cima de todo y que por una decisión de tus superiores ahora estés haciendo básicamente nada y yo que quería seguir creciendo.

Vaya que no me calza eso de estarme quejando pero es que a veces uno necesita liberar un poco la olla de presión. Como nos gustaría a todos que las cosas se dieran tal y como las deseamos pero no, no siempre es así.

Pasando a temas más agradables: últimamente, para soportar las horas en el trabajo, me he visto disfrutando de una gran variedad de podcast de diversos temas que están principalmente en la red ivoox, asi es, allí puedes encontrar de todo, hay algunos que incluso llegan a durar más de 11 horas!

Pensando en esto, no sería chido tener un programa de podcast de los pollos? Estoy seguro que hay gente de muchas partes del país y quizá del mundo y seria cool poder comentar acerca de lo que pasa en nuestras ciudades o en general cualquier cosa. Vamos, que la idea es intentar interactuar de nuevo y empezar a generar contenido, a mí me encantaría, pero no sé si los post pueden soportar un reproductor de audio, seria genial!

 

Saludos desde la media península!


Reflexionando

Yo no sé ustedes pero de algún tiempo para acá siento que Facebook me revuelve la panza. Si, tal como se oye, me deja una especie de desazón darme cuenta de cuanta porquería se publica en dichosa red social. A veces me enojo bastante al darme cuenta que 2 de cada 2 publicaciones son videos que encima se empiezan a reproducir sin que yo les haya dado click, eso sí, sin audio.

Podría escribir al menos ochenta cuartillas de por qué odio tanto “al Facebook” pero eso no viene a cuento. No es la intención de este post aunque de cierta manera va encaminado más o menos por donde mismo.

Ymipollo es sin duda uno de los últimos lugares que recuerdo que podrían llamarse, sin temor a equivocarnos, una “red social” y no como esa porquería de Facebook. Aquí se venía a socializar, a crear vínculos, a empezar historias, no que, por otro lado, en las redes de moda uno más bien recicla lo que ya existe, quiero decir: amistades y contenido. Lo que en Facebook está de moda,  lo estuvo en algún foro o bajo mundo del internet hace ya tiempo, y asi, sinceramente, pierde mucho el chiste.

A lo que iba: Gracias Ymipollo por existir y por haberte convertido en ese rinconcito de internet que genuinamente nos pertenece. Hay que detenernos a pensar esta noche, o mañana o medio día, en lo afortunados que somos de contar con este espacio en la inmensidad de la red y quizá, si quedan ganas y tiempo, comprometernos a revivirlo.

 

Yo me comprometo.




Como diciendo... ¿y mi pollo? ¿ping? ¡pong 1!