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A'bram: sin colorantes artificiales erase una vez...

Cuando en mi adolescencia me metí en cosas que no debía (una vivencia paranormal)

(Llevo un par de semanas preparando este post ya que no conseguía recordar muchos detalles, muy dentro de mi sé que me falta agregar muchas cosas pero no puedo materializar exactamente el qué, sin embargo creo que logre exprimir bastante de este trauma del pasado, si eres una persona a la que estos temas les mueve o eres ultra sensible, bueno ya sabes que hacer para no sugestionarte)

Cuando tenía una edad y era el doble o quizá el triple de lo tonto que soy ahora, inspirado por algunos rituales para invocar fantasmas en internet, un poco de dinero y mucho tiempo libre, me dispuse a averiguar, de una vez por todas, si el otro lado en realidad existía.

Mi idea no era solamente hacer un ritual simple como Baby Blue, o Blody Mary, no, conseguí en internet los rituales más famosos con supuestos resultados satisfactorios y me decidí entonces a realizarlos todos en la misma noche, por alguna razón pensaba que de por lo menos veinte rituales, alguno debería surtir efecto.

(Resulta un poco complicado nombrarlos todos o de que se trata cada uno, no es difícil encontrarlos en internet, algunos van desde escribir cosas en los cristales, hacer como que cargas a un bebé o incluso dibujar cosas en el suelo…)

Realizarlos todos me llevo alrededor de 40 minutos, como todos sabemos, comencé alrededor de las dos de la madrugada para terminar a las tres, la hora de las brujas. Hasta cierto punto me sentía ridículo haciendo todo aquello pues mi escepticismo era grandísimo y en mi razón, para lo lógico y matemático que soy, todo aquello no eran más que patrañas sin embargo…


En aquella habitación, a los pocos minutos de haber terminado los estúpidos rituales, la temperatura de la misma se precipito a niveles que mi cuerpo no había experimentado antes. El repetitivo y errático chasquido de mis huesos, el vaho que inmediatamente comenzó a presentarse y una sensación en el aire de que algo iba terriblemente mal fueron no más que la antesala de que lo enseguida ocurriría…

Con la profunda sensación de hielo en mi pecho, de escarpias clavándose en el interior de mi caja torácica, y un latido, que podría apostar seria audible para cualquiera que estuviera cerca de mí, cometí el gravísimo error de darme la vuelta y mirar al rincón más oscuro de la habitación.

Es difícil describir la sensación, es cierto, porque entrada la madrugada y sin alguna fuente de luz natural o artificial, resultaba complicado aguzar la visión siquiera para poder alcanzar a ver mis propias manos, pero en aquel rincón se desparramaba una oscuridad aún más intensa, aún más presente y he llegado a pensar, en estos días, que aquello no era visible al ojo humano, aquello era algo que se observaba con la mente, con el instinto o quizá con alguna especie de mirada espiritual.

Recuerdo empezar a escuchar ruidos, ruidos orgánicos que se confundirían fácilmente con el gruñir de unas tripas cuando tienes hambre, algunos chirridos muy calladitos, como si la estructura de la habitación se removiera de alguna forma, golpes como de tacones a la distancia. Racionalmente intentaba explicar cada ruido como quizá sonidos de la calle, mi propia sugestión, o simplemente el viento moviendo cosas en el patio, pero la cosa no fue así, lo supe cuando comencé a escuchar los susurros que se convirtieron en voces completamente claras.

Las voces no hablaban conmigo, no, simplemente decían palabras sin sentido: reloj, pasto, marinar, etc. Solo palabras, como residuos de viejas conversaciones.

Y todos estos sonidos, de pronto, parecían provenir de aquel rincón.

 

Apoyado con la luz tenue de la pantalla de mi celular y empujado por una malísima interpretación de mi instinto más natural de huida, me aproxime paso a paso a aquel rincón. Jamás pasó por mi mente encender la lámpara del mismo teléfono o de la habitación, era como si muy dentro de mi mente supiera que algo estaba allí observándome, que debía poder verlo y que la luz lo haría desaparecer. Jamás estuve tan equivocado… al ir espantando con la luz, poco a poco, las sombras del suelo y toparme, de pronto, con unos diminutos pies de aspecto cenizo.



Escrito en La Paz, B.C.S., México


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