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A'bram: sin colorantes artificiales erase una vez...

Tengo un molusco en lugar de un corazón.

… y aquí estoy, nuevamente, intentando de manera sobrehumana entender una parte de mí mismo, de mis sentimientos.

Yo (desde no-sé-bien-cuándo) he sido de sentimientos duros, como una concha. Jamás he sido de lágrima fácil, ni por la muerte de un familiar, ni por la muerte de una mascota, ni por una decepción amorosa o incluso cuando me he topado con que el mundo no es como me lo imagino.


He crecido como cualquier chavo mexicano promedio, ni rico ni en la absoluta pobreza (aunque casi) y sin embargo y por algún motivo, cuando algo que normalmente hace llorar a las personas me ha ocurrido, en lugar de entregarme al sentimiento prefiero apretar el tórax y pensar, pensar detenidamente…

Siempre he sido defensor de que detrás de cada acción de las personas existe un motivo, y que casi siempre es un motivo valido (al menos para ellos). También estoy convencido de que no existe un dios y que prácticamente todo lo que ocurre es producto de la casualidad, o el resultado una serie de eventos de los que muchas veces no llegamos a ser conscientes.

Generalmente, cuando me pasa algo que debería golpearme el alma, o romperme de algún modo, empiezo a recapitular los pasos que me llevaron a ese punto, o los pasos que llevaron a la persona a lastimarme, o a mi amigo a morirse y de algún modo eso me tranquiliza, me llena, me resulta notablemente coherente y lógico y entonces el sentimiento pasa a convertirse en un simple hecho innegable, una realidad, una verdad, y yo no tengo por qué sentirme abrumado por eso.

El caparazón de este molusco se hace más grueso, más ancho y de espinas más agudas. ¿Es mi falta de empatía, quizá, razón para lastimar a otros?, ¿Es que otros buscan en mi a un ser humano semejante y no esta cosa, este ser?

Quizá es por mi forma inocente de ver el mundo y de que casi siempre, para mí, todas las personas son como libros abiertos que no tardo demasiado tiempo en leer y entender. Quizá sea porque voy con esperanza en la mirada pero sabiendo que el ser humano es una tormenta en un costal de aparente calma, que las personas muchas veces lastiman por lastimar y entiendo este hecho como algo natural de las personas y entonces, cuando ocurre, no me sorprende.

Quizá es el hecho de que desde siempre me han gustado las historias, que pienso y creo que debajo de cada piedra, en cada lata de cerveza o el más triste vagabundo existe una historia y que estas no son buenas ni malas, ni apreciables o despreciables, sino historias, cuentos y cada uno es tan maravilloso como el de otro.

 

Sé que un buen día mi concha se romperá, sé que dolerá, y sé que escribiré acerca de ello.



Escrito en La Paz, B.C.S., México


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