entrar al gallinero

A'bram: sin colorantes artificiales erase una vez...

¿El naranja se llama así por la naranja, o la naranja se llama así por el naranja?

Sobre esos a los que les duele muchísimo este nuevo México


Quizá por haber sido educado entre personas de edad muy superior a la mía y conocer a los niños como yo hasta ya bien entrados los cuatro años, mi admiración por las personas mayores siempre ha sido notable y entre tantos pensamientos me asombra la idea de que aun sigan vivos, de que no se hayan quitado la vida cuando yo, por ejemplo, por estupidez y media lo he pensado seriamente…


Pero allí estaba yo, esperando el pesero que me llevaría de regreso a casa después de haber dejado en el taller mi motocicleta, recapitulando en mi mente lo carísimo que me saldría la reparación, lo injusto del aumento en las tarifas del transporte público (un aumento ilógico y desproporcionado) y la noticia fresquita en mi celular, de que a escasos minutos habían asesinado a otro narco-menudista de mi ciudad (otra vez)

Entre balas, hormigón, la bufa y la yusa, y toda esta gallarda mental, un hombre de unos setenta años se detuvo a esperar a mi lado el mismo pesero, su mirada vacía, su rostro desangelado y esa mascarilla gris con la que se enmascaran los que no se pueden dar el lujo de mirar más allá del final de la quincena, hicieron que me decidiera a escribir este post…

Tengo treinta años, casi treinta y uno.  Si, me tocaron los viejos pesos y supe todo lo que se podía comprar con una moneda de la Sor Juana, viví un México en el que aun contrataban mujeres embarazadas (mi madre) y donde México, más que parecer la mascota fea de Estados Unidos, era como su hermano menor.

Y ahora en pleno 2017, pareciera que nuestro país se ha ido directito al traste, y si, nos duele, nos duele haber perdido la ilusión, la certeza de que México iba bien, y es que hasta hace poco tenía el sueño de jubilarme algún dia y hoy pienso que eso ya no será posible. Antes quizá soñaba con trabajar para poder irme de vacaciones a otro país, y hoy sé que trabajar servirá para pagar bien las cuentas y ahorrar para mi retiro. Antes pensaba que había algo de dignidad en la política y hoy sé que no son más que una bola de payasos sínicos y lascivos.  Pero ese hombre en la parada del pesero, ese hombre podría quejarse como ninguno de nosotros podría. Llegue a la conclusión de que esas personas definitivamente vivieron en un México mucho más verde y productivo, un país que fue premiado con unas olimpiadas, en una época en la que el mundo le sonreía, donde la idea de tener muchos hijos era tan fácil de tomar como la de comprar un televisor en blanco y negro. Ellos, pobrecitos, vivieron el México que nosotros ni siquiera soñamos.

Y soy empático con su dolor, porque si ahora me duele pasar de los cuatro cilindros de un coche al mono-cilíndrico de una moto, imagínense a ellos que disfrutaron de los robustos ocho cilindros, es demasiado, es perder demasiada potencia.

Quizá ahora me detenga a reflexionar un poco antes de quejarme, o antes de criticar a un viejo cuando se queje. A nosotros nos ha tocado pasar de un país regular a un a podrido, pero a ellos les ha tocado caer desde lo más alto.

 

Al final y como siempre, siendo tan pesimista como yo mismo, solo me queda el consuelo de saber que la vida viene con fecha de caducidad y que por lo menos ellos estarán descansando de este absurdo circo y a nosotros, con tal vez aun algo de vida por delante, nos tocara ver si México pasara a formar parte de los números negativos o si, con un poco de suerte, empieza a retomar el vuelo.



Escrito en La Paz, B.C.S., México


Debe estar identificado para ver los comentarios o dejar uno.

Entrar a Ymipollo

Escrito por estas fechas

4 22 de mar de 2013
98 lecturas
Como diciendo... ¿y mi pollo? ¿ping? ¡pong 1!