entrar al gallinero

Regards de Lune Le regard des Autres, parfois c'est aussi la mienne.


Beatriz (Una palabra enorme)

Libertad es una palabra enorme. Por ejemplo, cuando terminan las clases, se dice que una está en libertad. Mientras dura la libertad, una pasea, una juega, una no tiene por qué estudiar.
Se dice que un país es libre cuando una mujer cualquiera o un hombre cualquiera hace lo que se le antoja. Pero hasta los países libres tienen cosas muy prohibidas. Por ejemplo matar. Eso sí, se pueden matar mosquitos y cucarachas, y también vacas para hacer churrascos. Por ejemplo está prohibido robar, aunque no es grave que una se quede con algún vuelto cuando Graciela, que es mi mami, me encarga alguna compra. Por ejemplo está prohibido llegar tarde a la escuela, aunque en ese caso hay que hacer una cartilla mejor dicho la tiene que hacer Graciela, justificando por qué. Así dice la maestra; justificado. Libertad quiere decir muchas cosas. Por ejemplo, si una no está presa, se dice que está en libertad. Pero mi papá está preso y sin embargo está en Libertad, porque así se llama la cárcel donde está hace ya muchos años. A eso el tío Rolando lo llama qué sarcasmo. Un día le conté a mi amiga Angélica que la cárcel en que está mi papi se llama Libertad y que el tío Rolando había dicho que era un sarcasmo y a mi amiga Angélica le gustó tanto la palabra que cuando su padrino le regaló un perrito le puso de nombre Sarcasmo. Mi papá es un preso, pero no porque haya matado o robado o llegado tarde a la escuela. Graciela dice que papá está en libertad, o sea está preso, por sus ideas. Parece que mi papá era famoso por sus ideas. Yo también a veces tengo ideas, pero todavía no soy famosa. Por eso no estoy en Libertad, o sea que no estoy presa. Si yo estuviera presa, me gustaría que dos de mis muñecas, la Toti y la Mónica, fueran también presas políticas. Porque a mi me gusta dormirme abrazada por lo menos a la Toti. A la Mónica no tanto, porque es muy gruñona. Yo nunca le pego, sobre todo para darle ese buen ejemplo a Graciela. Ella me ha pegado pocas veces, pero cuando lo hace yo quisiera tener muchísima libertad. Cuando me pega o me rezonga yo le digo Ella, porque a ella no le gusta que la llame así. Es claro que tengo que estar muy alunada para llamarle Ella. Si por ejemplo viene mi abuelo y me pregunta dónde está tu madre, y yo le contesto Ella está en la cocina, ya todo el mundo sabe que estoy alunada, porque si no estoy alunada digo solamente Graciela está en la cocina. Mi abuelo siempre dice que yo salí la más alunada de la familia y eso a mí me deja muy contenta. A Graciela tampoco le gusta demasiado que yo la llame Graciela, pero yo la llamo así porque es un nombre lindo. Sólo cuando la quiero muchísimo, cuando la adoro y la beso y la estrujo y ella me dice ay chiquilina no me estrjes así, entonces sí la llamo mamá o mami, y Graciela se conmueve y se pone muy tiernita y me acaricia el pelo, y eso no sería así ni sería bueno si yo le dijera mamá o mami por cualquier pavada. O sea que la libertad es una palabra enorme. Graciela dice que ser un preso político como mi papá no es ninguna vergüenza. Que casi es un orgullo. ¿Por qué casi? Es orgullo o es vergüenza. ¿Le gustaría que yo dijera que es casi vergüenza? Yo estoy orgullosa, no casi orgullosa, de mi papá, porque tuvo muchísimas ideas, tantas y tantísimas que lo metieron preso por ellas. Yo creo que ahora mi papá seguirá teniendo ideas, tremendas ideas, pero es casi seguro que no se las dice a nadie, porque si las dice, cuando salga de Libertad para vivir en libertad, lo pueden meter otra vez en Libertad. ¿Ven como es enorme?



Obstáculos

p=. !http://www.ymipollo.com/user/images/2006/11/518f8ab062431551829eeeb5beeda5b2.jpeg! Un famoso maestro sufí fue convidado para dictar un curso en California.
El auditorio estaba repleto a las 8 de la mañana - la hora señalada para comenzar - cuando uno de los asistentes subió al escenario: "El maestro se está despertando ahora. Tengan paciencia". El tiempo fue transcurriendo y las personas fueron abandonando la sala. Al mediodía, el asistente volvió al escenario diciendo que el maestro daría su conferencia en cuanto terminara de conversar con una bonita joven que había encontrado. Gran parte del público se fue. A las cuatro de la tarde el maestro apareció, aparentemente alcoholizado. Esta vez el resto del auditorio se marchó, quedando apenas seis personas. "A vosotros os enseñaré", dijo el maestro, dejando de representar el papel de borracho. "Quien desea recorrer un camino largo tiene que aprender que la primera lección es superar las decepciones iniciales"



Dejar Ocurrir

p=. !http://www.ymipollo.com/user/images/2006/08/87eb98078af1309aca6fc4d1f0138e40.jpeg!
Entonces, querido señor Kappus, no debe asustarse si se levanta en usted una tristeza tan grande como nunca haya visto otra; si una intranquilidad, una nube oscura recorre sus manos y toda su actividad (...) No se observe demasiado. No saque consecuencias demasiado rápido de lo que ocurre; déjelo ocurrir sencillamente.

Mucho más grave

p=. !http://www.ymipollo.com/user/images/2006/10/a1df5c2085639fcbd6878a3498045f8f.jpeg!
p={color:#003366}. Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo eso en verdad no es nada extraordinario vos lo sabes tan objetivamente como yo. Sin embargo hay algo que quisiera aclararte, Cuando digo todas las parcelas, no me refiero solo a esto de ahora, a esto de esperarte y aleluya encontrarte, Y carajo perderte, Y volverte a encontrar, Y ojala nada mas. No me refiero a que de pronto digas, voy a llorar Y yo con un discreto nudo en la garganta, bueno llora. Y que un lindo aguacero invisible nos ampare Y quizas por eso salga enseguida el sol. Ni me refiero a solo a que dia tras dia, aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades, o que yo pueda creerme que puedo convertir mis reveses en victorias, o me hagas el tierno regalo de tu mas reciente desesperacion. p={color:#003366}. No. La cosa es muchisimo mas grave. Cuando digo todas las parcelas Quiero decir que ademas de ese dulce cataclismo, tambien estas reescribiendo mi infancia, esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes y los solemnes adultos las celebran, y vos en cambio sabes que eso no sirve. Quiero decir que estas rearmando mi adolescencia, ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos, y vos sabes en cambio extraer de ese paramo, mi germen de alegria y regarlo mirandolo. Quiero decir que estas sacudiendo mi juventud, ese cantaro que nadie tomó nunca en sus manos, esa sombra que nadie arrimo a su sombra, y vos en cambio sabes estremecerla hasta que empiecen a caer las hojas secas, y quede la armazon de mi verdad sin proezas. Quiero decir que estas abrazando mi madurez esta mezcla de estupor y experiencia, este extraño confin de angustia y nieve, esta bujia que ilumina la muerte, este precipicio de la pobre vida. Como ves es mas grave, Muchisimo mas grave, Porque con estas o con otras palabras, quiero decir que no sos tan solo, la querida muchacha que sos, sino tambien las esplendidas o cutelosas mujeres que quise o quiero. p={color:#003366}. Por que gracias a vos he descubierto, (diras que ya era hora y con razon), que el amor es una bahia linda y generosa, que se ilumina y se oscurece, según venga la vida, una bahia donde los barcos llegan y se van, llegan con pajaros y augurios, y se van con sirenas y nubarrones. Una bahia linda y generosa, Donde los barcos llegan y se van Pero vos, Por favor, No te vayas.

El Otro Yo


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p=. !http://www.ymipollo.com/user/images/2006/07/4a0a6553a3d62e43f0ec50a6a044badf.jpeg! Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo. Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado. Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó. Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable". El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Tomando Café


p={color:#CC0000}. Te veo tomando café Como desde hace tantos años Y me resulta inevitable El decirte que te amo. p={color:#CC0000}. Que se me antoja recordar El juego que hemos olvidado Que por debajo de la mesa Se den vuelo nuestras manos. p={color:#CC0000}. Y rodar y rodar por el suelo, Enredado en la maraña de tu pelo Denotarnos para hacernos monumentos Al amor, a la lujuria y al deseo Y verte sonreir Con ese gesto de quien sabe que ha pecado, Y volver a sentir Esas piernas que se doblan de cansancio. p={color:#CC0000}. Te veo tomando café Como desde hace tantos años Y se me hace agua la boca Y te me sigues antojando. p={color:#CC0000}. Me dices no sé bien que, Mientras yo estoy en otro lado Imaginando que tu boca Se abre y me va tragando. p={color:#CC0000}. Y rodar y rodar por el suelo Asomandome al vacio de tus pechos Y levantarnos para hacernos monumentos Al amor a la lujuria y al deseo Y verte sonreir Con ese gesto de quien sabe que ha pecado Y volver a sentir Las rodillas y los codos lastimados.

Pintar la Noche

p=. !http://www.ymipollo.com/user/images/2006/08/f597a3beef14f55bf5b7b32c86f582e9.jpeg! h2={color:#003366}. Para pintar la noche llevo un pincel eterno inserto a la piel. Tengo un traje de estrellas, un sombrero de Luna, de seda es mi caftan de brisa y con los pies descalzos recorro el universo, camino...


Todo Por Ti

h2={color:#CC0000}. Yo quiero estar contigo y la Luna Yo se ya donde esta mi fortuna p=. !http://www.ymipollo.com/user/images/2006/07/af5c05dbc14bab76a0b4f80fa42c29c8.jpeg! h2={color:#CC0000}. Dios quiera que esto siempre permanezca En el Amor se Suma y No se Resta



La noche de los feos

1 Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia. Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro. Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos (de la mano o del brazo) tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas. Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura. Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal. Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente. La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó. La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo. Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo. "¿Qué está pensando?", pregunté. Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma. "Un lugar común", dijo. "Tal para cual". Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo. "Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?" "Sí", dijo, todavía mirándome. "Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida." "Sí." Por primera vez no pudo sostener mi mirada. "Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo." "¿Algo cómo qué?" "Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad." Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas. "Prométame no tomarme como un chiflado." "Prometo." "La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?" "No." "¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?" Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata. "Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca." Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico. "Vamos", dijo. 2 No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse. Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron. En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso. Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas. Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra. Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.


Problemas Sexuales

El amor no es el resultado de la satisfacción sexual adecuada; por el contrario, la felicidad sexual -y aún el conocimiento de la llamada técnica sexual es el resultado del amor. Si aparte de la observación diaria fueran necesarias más pruebas en apoyo de esa tesis, podrían encontrarse en el vasto material de los datos sicoanalíticos. El estudio de los problemas sexuales más frecuentes (frigidez en las mujeres y las formas más o menos serias de impotencia síquica en los hombres), demuestra que la causa no radica en una falta de conocimiento de la técnica adecuada, sino en las inhibiciones que impiden amar. El temor o el odio al otro sexo están en la raíz de las dificultades que impiden a una persona entregarse por completo, actuar espontáneamente, confiar en el compañero sexual, en lo inmediato y directo de la unión sexual. Si una persona sexualmente inhibida puede dejar de temer u odiar, y tornarse entonces capaz de amar, sus problemas sexuales están resueltos. Si no, ningún conocimiento sobre técnicas sexuales le servirá de ayuda.

Materia Pura

p=. No pienses en lo que quedó atrás....Si lo que tu has encontrado esta formado por materia pura, jamás se pudrira. Y tu podrás volver un día. Si fue solo un momento de luz, como una explosión de una estrella, entonces no encontraras nada cuando regreses. Pero habras visto una explosión de luz. Y esto solo ya habra valido la pena.


Como diciendo... ¿y mi pollo? ¿ping? ¡pong 1!