entrar al gallinero

Un día mas Llanto silencioso

Un día mas

El despertador no deja de sonar desde hace varios minutos, me rehúso a despertar, a salir de mi mundo perfecto de sueños, pero no tengo opción, como puedo estiro la mano y silencio el agudo y molesto sonido del reloj, me siento al borde de mi cama, con gran dificultad abro los ojos y levanto la vista hacia la ventana, no hay sonido alguno procedente de la fría y oscura calle, las estrellas aun brillan en lo alto del cielo, bajo el manto nocturno. Me dirijo al baño, me despojo de mi ropa, giro la llave y el agua helada empieza a caer sobre mis hombros, escurre por mi espalda y mi pecho, recorriendo mi cuerpo hasta llegar al piso; la temperatura del agua hace que me sobresalte mientras una ligera sensación de congelamiento llegue hasta mis huesos y un pensamiento invade mi mente, -¿esta será la sensación de la muerte invadiendo el cuerpo?-, no lo se, y no tengo tiempo para pensar en este tipo de tonterías. Después de terminar de ducharme, me visto y tomo mis cosas para salir. Salgo a la puerta de mi casa, un olor fétido llega a mi nariz, no es un olor nuevo, es un olor como a azufre; me dirijo a tomar el primero de 4 transportes públicos que tomo para llegar a la universidad, el camión pasa por un puente, sobre un río de aguas negras lugar de origen del olor a azufre, levanto la cara hacia el horizonte, y lo primero con lo que mi vista se topa es con las chimeneas de una planta de tratamiento de aguas residuales, por las cuales sale una densa capa de humo, la cual cubre casi la totalidad del horizonte, tras esa capa de humo, veo las luces de diferentes fabricas, las cuales, al igual que la planta de tratamiento, contienen chimeneas que se elevan imponentes al cielo, como grandes gigantes, que parecen gritar, -¡HE AQUÍ LA MARAVILLA TECNOLÓGICA E INDUSTRIAL, MUESTRA INNEGABLE DEL AVANCE Y DESARROLLO DE LA HUMANIDAD!-, mientras de sus bocas grandes bocanadas de humo salen de su boca, cubriendo el cielo y contaminando el aire, me pregunto, -¿realmente es una representación del avance del ser humano o solo el inicio a la propia autodestrucción?-; por fin llego al fin de esa primera travesía bajo de ese camión y cruzo un puente peatonal que conecta los extremos de una autopista, unión rápida de dos grandes ciudades, en medio de ese puente me detengo como siempre y observo a lo lejos, mas allá de las luces de la urbanidad un tenue resplandor, anunciando la llegada del nuevo día, y con un poco de dificultad, veo la punta de una gran montaña, sobresaliendo de las nueves que tratan en vano de cubrirla en su totalidad, que patético y miserable me siento, desperdiciando tiempo valioso observando algo que puedo ver mejor en una postal. Tomo el segundo camión que me acerca mas a mi destino, durante el trayecto puedo ver como poco a poco el sol se va abriendo paso e imponiendo su poder sobre la noche, pero no doy importancia y duermo, solo es un amanecer mas como muchos, que caso tiene verlo una vez mas... Por fin llego al final de ese recorrido, pero aun no llego a mi destino final, me dirijo hacia una estación del metro entre un mar de personas. Con dificultad logro abordar el vagón y veo a mi alrededor, un lugar completamente cerrado, un sin fin de rostros vacíos, apagados y sombríos, esta visión me recuerda videos del holocausto nazi, donde los judíos eran embarcados en vagones hacia centros de concentración, -¿existirá alguna diferencia real?, tal vez, la creencia religiosa-. Después de dos estaciones, llego a mi bajada, con un poco de fuerza bruta e ingenio logro salir del vagón atestado y me voy directo a tomar el ultimo trasporte de la mañana para llegar a mi destino, camino como muchos a paso apresurado, no por prisa, sino por temor a ser empujado o peor aun caer y verme entre un bosque de pies que no les importaría pisarme con tal de seguir su camino; logro llegar ileso al ultimo trasporte que he de tomar, por fortuna encuentro un lugar y me apresuro a tomarlo, el ultimo trayecto de mi travesía matutina a comenzado, la luz del sol aun no es suficiente para iluminar todos los rincones de la gran ciudad, obstruido en parte por los grandes edificios, como sea, el alumbrado publico, aunado a la luz de los diversos vehículos que circulan hacen innecesaria la luz solar. He llegado a la universidad, los mismos rostros, los mismos temas de conversación, nada nuevo se en los alrededores, ¿hay motivo para alguna novedad? Todo el día transcurre tal como días anteriores, la misma monotonía, los mismos profesores, clases relativamente diferentes, los mismos grupos sociales, perfectamente diferenciados en el salón de clase; al frente, del lado del escritorio del profesor, los aplicados, los estudiosos, los que siempre responden o participan para alegría y orgullo del profesor; del otro extremo, los que desean aprender algo, aun que no están seguros de su futuro, si realmente valdrá la pena estudiar; un poco mas atrás, hacia el medio del salón, los populares y sus bufones, que no son mas que los que desean ser parte de ese grupo selecto, que acuden a cuanta fiesta es organizada y son objeto de admiración de muchos; hasta atrás, los rebeldes, los que se creen rudos, los que piensan que las reglas no son aplicadas a ellos, y a un lado, los inadaptados sociales, los oscuros, los apartados, los que se mantienen al margen de todo, tal vez sea parte de este grupo, tal vez no, pocos son los que me dirigen la mirada y menos los que me dirigen alguna palabra, ¿miedo?, ¿indiferencia?, que mas da, no me interesa. Todas las clases siguen su curso normal, el tedio me invade, volteo hacia la ventana, fuera del salón de clase buscando un escape, pero mi vista es obstruida por un gran edificio, de color gris y vigas pintadas de azul haciendo alusión a lo colores de la escuela. El fin del día de clases esta cerca, el reloj avanza con mas lentitud, ante mis ojos el salón se hace mas largo y angosto, todos a mi alrededor desaparecen, siento una presión en mi pecho, no puedo respirar bien, me asfixio, solo es la ansiedad por salir de esa prisión disfrazada. La hora de salida ha llegado, ha pasado casi todo el día, una sensación en mi estomago, es hambre, compro algo para apaciguar esa sensación y completo con un cigarro. Ahora emprendo mi viaje de regreso, el mismo trayecto, solo que esta ocasión, en sentido contrario; los rostros de las personas no son muy diferentes a la de la mañana, rostros cansados molestos, apagados y mas ensombrecidos aun, en el metro, una falla eléctrica hace que el vagón en el que viajo se quede a oscuras, solo veo las siluetas de los demás pasajeros, alumbrados pobremente por la mortecina luz del túnel y veo solo sombras, siluetas totalmente carentes de rostro y expresión, es curioso ver que así, todos se ven mas humanos. A mi costado, en la parte de arriba, algo llama mi atención, es una sombra en el techo, no es producto de ninguna luz, de ningún reflejo, dos puntos brillantes sobresalen, me observa fijamente, solo sonrió y dirijo mi vista hacia afuera, no es la primera vez que veo esa imagen, es una sombra que desde hace mucho me ha seguido a cada lugar que voy, acosándome... Tal vez algún demonio o fantasma, no lo se, tal vez el indicio de que finalmente me estoy volviendo loco, da igual, lo sabré a su debido tiempo. Continuo mi travesía, y finalmente llego a mi hogar, nadie en casa, un plato de comida en el horno listo para ser calentado, algunos condimentos al lado y dos botes, uno de refresco y otro de agua. Me siento en un pequeña mesa, frente al televisor, disfrutando mi comida y mientras veo algún programa, de alguno de los pocos canales de TV abierta, ¿que puedo ver?, noticias que se contradicen unas con otras, las zonas turísticas de los estados afectados por los fenómenos metereológicos están recuperándose, las colonias pobres de los mismo estados sufren por falta de suministros, la pobreza se agudiza, las enfermedades respiratorias y gastrointestinales aumentan, familias desesperadas tratan de rescatar sus pertenencias de entre escombros... Demasiado para mi, no por que sean imágenes muy crudas, si no por que es una historia que se repite con tanta frecuencia que ya me resulta indiferente, que vil me siento que insensible. Llego a otro canal, donde hay desfile de hombres y mujeres de un gran atractivo físico, dignos representantes del ideal de belleza occidental, de inmediato me doy cuenta que se trata de la novela juvenil del momentos, un gran fenómeno por el desmesurado y por demás obsceno éxito del que goza. El control remoto esta fallando ya, no puedo cambiar el canal y decido olvidarme de ello y terminar mis alimentos, escuchando la supuesta problemática de los jóvenes hoy día, -¿será verdad que la juventud de la clase alta afronta ese tipo de problemas?, bueno, tal vez sea cierto, como sea, yo no pertenezco a esa esfera social y no me identifico con personaje alguno-, así termino mis alimentos, lavo mis trastes, apago la televisión, y llego a mi computadora, la enciendo, pongo música y me pongo a divagar por algunos de los millones de sitios disponibles en esta gran red llamada Internet, mi escape momentáneo y ficticio de la realidad. Horas mas tarde, pasada la media noche, comienzo a escribir, ¿que es lo que escribo?, lo que han empezado a leer, y ahora llegando a este punto, poco antes de terminar, me pongo a reflexionar, -¿por que carajo solo exponer lo negativo del día, por que demonios hablar sobre lo triste?-, pues bien, es solo una idiotez, un impulso extraño que guía mis dedos a presionar estas teclas, tal vez, solo para liberar un poco de mi frustración, para causar lastima o solo hacer algo por no haber salido, cualquiera que sea el caso, ahora me retiro a dormir, con muchas cosas en mi mente, sin saber bien si deseo despertar o no... Al fin, este ha sido un día no tan común ni tan corriente como cualquier otro... ¿O si? Alejandro Aragón Escobar 12 de Noviembre de 2005 4:35am

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