entrar al gallinero

Diario de tlaloc2000 Bienvenido(a) a mi blog

Y el aire soplaba

Y el aire soplaba

Sobre una ramilla

Del zacate seco

La avispa amarilla

Hacía no sé qué.

 Patitas ligeras

Rascaba y rascaba

Las hojitas secas

Que a casa llevaba.

 

Echado en el suelo

El perro travieso,

Mirada siniestra

La observaba avieso.

 

Ajena en lo suyo,

Como aletargada

Con el suave arrullo

Que el aire le daba.


La colmena espera

Hay que terminarla

El tiempo ha llegado

De nueva camada.


Un can pecho a tierra

Como buen soldado

Se acercaba lento

Al abejorrado,

Mucho se ha arrimado

El sabueso asesino

Fugaz manotazo

La insecta ha agredido,

Con su alita rota,

Queriendo volar solo brinca

Pretensión inútil

De neóptera herida

Cómo se entretiene

El mortal predador

Como nuevo juguete

Niño Nicanor.


Tres aguijonazos

A dado la avispa S

Sin embargo todos

Sobre la ceniza


Casi ya no mueve

Sus alas quebradas

La pobre avispilla

Ya fue derrotada

La colmena espera

No esta terminada.


¿Que suerte le espera

A la nueva camada?

Y el aire soplaba

Bajo el sol redondo

En la primavera

De un día veintitrés.

 _ Tláloc_

 


Reflexión

Yo soy… ¿quién? ... no sé… trato de identificarme a mí mismo. Pretendo ser alguien que... ha encontrado ya el camino del equilibrio emocional. Pero... no sé... dudo... ¿de mí mismo? ¿es inseguridad en mí? aunque parezca una contradicción aberrante, no creo que sea eso; ¿o, lo es? sé lo que quiero y lo he buscado... he buscado... aaahhh síí... el triunfo... el triunfo... ¿el triunfo?, ¿el bienestar económico?, ¿una carrera?, ¿un buen empleo?, ya he conseguido todo eso. ¿una mujer?, ¿una buena mujer? Ya he tenido varias buenas mujeres. ¿entonces que busco? Ahhh siii... ya sé... busco mi niñez... mi niñez con mi padre... siiii... y también con mi madre... con ellos... con los dos, los dos juntos... y yo, yo con ellos... ah siiii... y mis hermanos también allí... es que crecí sin ellos, sin mis padres, mejor dicho, crecimos sin ellos, dicho de otra manera, crecimos solos; yo crecí solo, solo, solo. Nunca fui niño. No... ahora que lo pienso... nunca lo fui. Entonces... si... creo que eso es lo que busco, mi niñez. Eso es lo que busco... ¿podré alguna vez... ser niño? Dios... ¿existes? Por favor, si existes , contéstame, ¿sabré alguna vez lo que es... ser niño? porque eso es lo que me falta en la vida... me falta conocer esa parte de mi vida. Me hace falta para... para identificarme completamente a mi mismo. Para saber quien soy yo. (contribuído)

Un beso

Un beso Yo te beso En el día que más lo necesites Cuando el infame se lleve nuestro anhelo Cuando uno de nuestros hijos muera O cuando el cielo azul se torne en negro abismo Te beso, te abrazo, te fundo en mi Me fundo en ti Nos hermafroditamos Una sola sustancia, Amalgama lograda en lo excelso Un beso puro y sublime... y que trasciende Que rompe las trances conocidos Que muta en nueva vida Un beso que convierte dos en uno Y que vence el infortunio Eternamente

No es cierto que existimos

Tengo que escribir un ensayo posmodernista

Mi instructor está loco,

scontradice,

no instruye,

sabe mucho,

te ridiculiza,

es argentino.

 

Tengo que inscribir un ensayo posmodernista

del pozo,

erótico,

coherente.

¿Violada?  Ana María ha muerto

Tenía dieciocho.

 

Tengo que escribir un ensayo posmodernista

de Leotard,

de Onetti,

de Jameson,

de Linacero ,

de Peri Rossi,

de Pacheco.

 

Tengo que escribir un ensayo posmodernista

de prostitutas,

de la soledad,

del rencor,

del asco,

del mercantilismo,

del consumo.

 

Tengo que escribir un ensayo posmodernista

dsistema,

la pobreza,

el servilismo,

la suciedad,

la injusticia,

la impotencia.

 

Tengo que escribir un ensayo posmodernista

y no lo quiero hacer, no vale la pena,

¿Para qué?

si la verdad es que...

nuestra existencia es irreal,

Creemos que somos, pero no es cierto,

No existimos, somos imaginarios.

En realidad somos soñados,

solo vivimos en el sueño de alguien más

y, cuando se despierte nos desvaneceremos

en el vacío de lo inexistente,

 diluidos sin sentirlo.

 

Y a pesar de todo, siendo soñados

nos atrevemos a soñar,

mi padre ha muerto,

soñé con él

en mi sueño él estaba vivo

y yo, yo soñaba que él soñaba conmigo.

 

Tengo que escribir un ensayo posmodernista

y no lo quiero hacer.

 


Atraco en Mexicali I y II partes

El golpe El día sábado, por la mañana, el Poeta y yo decidimos que teníamos que realizar el atraco. Ayer viernes había sido día de paga para muchos, pero aquí en Chicali eso no es tan importante que digamos. Aquí, las casas de cambio que proliferan cerca de la puta “línea” siempre se mantienen ocupadas. Los pinches emigrados que trabajan en el “filoso”, en el Valle Imperial, van y vienen a diario y a diario cambian sus dólares por pesos. Además, como en “el otro lado” celebran el día de no se quien chingados, los de allá iban a tener un fin de semana largo, (como ellos mismos le dicen, al traducirlo transliteralmente del inglés “long weekend”). Entonces, la gente que vive en Los Ángeles y sus alrededores se deja venir pa’ Chicali el viernes por la tarde, se regresa hasta el lunes para entrar a trabajar el martes. Pero eso a nosotros que, el asunto es que al venirse toda la bola de nopales agringados, cuando llegan aquí, también compran pesos. Para ellos es económicamente más conveniente hacerlo de esa manera. De modo que esas pinches casitas de cambio deberían estar cargaditas de “jando” para poder hacer sus tranza-acciones sin contratiempos, en un día tan ocupado como estos. Ya lo habíamos estado calculando desde antes. En la cuchilla que forman la Av. Madero y el Blvd. López Mateos cuando topan con la Melgar, está la Casa de Cambio Himuka. Por ahí no le hemos “pegado” nunca. La semana pasada fuimos dos veces a merodear el área, nomás pa’ ver como corría el agua por ahí. Uno de los días que fuimos era precisamente sábado, igual que ahora. Como a cien metros de allí, al noroeste, está la chingada garita; por eso, como a las once de la mañana es un puto gentío en ese lugar; unos van para el otro lado, a hacer compras de artículos que allá son más baratos, otros ya vienen. Pero como a eso de las dos de la tarde, empiezan a regresar los que trabajan en el “field” y entonces el tráfico a pie, y en automóvil, se hace mucho más pesado. Por eso concluimos que como a las tres, más o menos, sería buena hora para aventarnos el “jale” Eran apenas las ocho de la mañana y estábamos tomando las cosas con calma. Ya habíamos quedado con el Zapatos y con el Pulpo; ellos nos iban a hacer “una esquina” y les íbamos a pasar “una feria” por ello. Ya nos habían ayudado antes. Iban solo como chóferes. Dos chóferes para dos autos. El Poeta y yo pensábamos que así era mejor. Se estacionaban en lugares diferentes y siempre, el Zapatos me esperaba a mí; el Pulpo “calmaba” al Poeta. Era como la cuarta, o quinta vez que nos ayudaban y nunca habíamos “torcido”; esto, como en un periodo de dos años más o menos. La última vez nos fue bien, nos llevamos quince mil “lucas güeros”. Les dimos dos al Zapatos y dos al Pulpo, y que no “la hicieran de pedo”, porque había otros que estarían dispuestos a ayudarnos si ellos se querían “pasar de lanza”. El resto de la feria, que eran once, nos los repartimos “michi y michi” entre el Poeta y yo. De eso hace ya como cinco meses, más o menos y por eso andábamos secos. Necesitábamos aventarnos el “jalecito”. -Que onda Poeta (le digo a manera de saludo al encontrame con él ese día) -Que onda güey (me contesta) -¿Listo? -simón -¿traes “cuete”? -simón -¿cuál? ¿la nueve? -ei, ¿y “ostión”? -la súper, como que me da suerte, no sé... esa llevo. -órale, ¿a que horas van a venir aquellos cabrones? -Les dije que las diez y media. A más tardar. -Todavía le “cuelga” compa. Vamos a “refinar” algo ¿no? -Órale. ¿qué tal unos taquitos de perrego? El Poeta acepta la sugerencia y contesta: -vamos pues. Terminamos de comer… todavía estábamos en el lugar hablando de chingaderas sin importancia. En eso vibra mi celular; era el Zapatos. (contesto la llamada) -Que onda guey. Simón, ¿ya habíamos quedado no? Ni un minuto más tarde cabrón; es bien importante. Ya sabes. Órale. ¿cómo anda tu ranfla? ¿le echaste gasolina? Órale. Bueno… a esa hora exactamente, ¿ya sabes no? Bueno. Oye, antes que cuelgues; mira, hazme un favor. Llámale al pinche Pulpo y pregúntale que como está todo. Que como está su carro; bueno ya sabes ¿no? de todo. Ok, mira, en caso de algo me llamas ¿no?. Si todo está bien nos vemos a las diez y media donde ya sabes. Dile al cabrón que a las diez y media. Exactas; ¿ok? -¿Todo bien? Pregunta el Poeta al terminar yo la conversación. -Parece que sí (le contesto con cierta reserva) A las diez y media llegaron el Zapatos y el Pulpo, cada uno por rumbos diferentes. Como habíamos quedado, en la Mini Unidad Deportiva. Jugamos un dos-dos de básquetbol, o al menos lo simulamos muy bien. Sudorosos nos sentamos en el pasto, a un lado de la cancha, pero algo retirado de donde están los demás visitantes del complejo. Empezamos la última charla antes de irnos a ejecutar el plan. Saqué el mapa que había trazado con anterioridad. El Poeta y yo ya lo habíamos estudiado varias veces. Además de haber anotado minuciosamente nombres de calles; anoté también uno por uno los de locales comerciales; lugares públicos; paradas de taxi y de autobús; distancias; incluso, hasta cuantos pasos había de un lugar a otro en tres cuadras alrededor. Absolutamente todo estaba por nombre y provisto de distancias precisas. Lo estudiamos como por más de tres horas; lo vimos desde diferentes ángulos; lo comparamos con un mapa que abarcaba diez cuadras alrededor y después con otro más grande. Por cuales calles había salida, para donde; por cuales no; cuales eran las más transitadas, cuales menos. Planteamos posibles dificultades, como librarlas. Medimos el tiempo que haríamos de un lugar a otro caminando aprisa, trotando, corriendo. Fue, en fin, un estudio minucioso del plan. Todo estaba listo. A las dos llegamos al “área de trabajo”. Nos estacionamos en el Parque Hidalgo; dejamos allí el auto del Pulpo; él y el Poeta se subieron con nosotros. Dimos algunas “vueltas” alrededor del lugar. Era un tráfico de la chingada. El bulevar López Mateos era el más atestado. El escape debería ser por la Madero o por la Reforma. Una de las dos. Las tres y media. Se estaba haciendo tarde pero todo parecía ya estar listo. Sabíamos que el asunto era una daga de dos filos; peligroso por la cantidad de gente que había en el lugar; pero al mismo tiempo, la circunstancia nos favorecía. No se esperaría que alguien se atreviera a hacer una chingadera de esas con tanta gente alrededor; de manera que aprovecharíamos el factor sorpresa. El Zapatos está estacionado como a media cuadra del lugar del golpe, por la López Mateos, con dirección al Este. El Pulpo, como a la misma distancia pero por la Madero, esperando al Poeta. -Estense truchas cabrones; no vamos a tardar mucho, les dijimos al salir del auto. (Al menos eso esperábamos). Ya era yo el próximo en la línea para ver a la cajera. Ella estaba sola. El lugar era pequeño, como una caseta. Pero de seguro con muchos billetes adentro (pensé) La ventanilla es de cristal, pero del blindado; en la parte de abajo solo hay un pequeño semicírculo por donde se hace el intercambio de dinero. La persona que atendía el negocio era una mujer hermosa, de tez morena clara, con el pelo pintado color castaño, más o menos como de unos treinta años de edad. Su rostro estaba maquillado con buen gusto y estaba vestida con elegancia. Sin duda era familiar del propietario. Su sonrisa no era forzada, atendía a la gente con amabilidad y cortesía. No se le veía cansada. Por el contrario, estaba alerta a lo que pasaba a su alrededor. Me sentía con algo de tensión. Bueno, ahora si; ya sigo yo… -¿Le puedo ayudar? (Me dijo con tono amable) Me acerqué más a la ventanilla y le contesté haciendo facciones de advertencia: -Señorita, por favor mantenga sus manos arriba del mostrador… nooo las vaayaas a mover hacia abajooo; (Regularmente es donde se encuentra el activador de la alarma y tiene conexión telefónica con la policía) Mantente calmadita mija. Le enseñé la “súper” que traía en mi mano derecha, para intimidarla. -ábreme la puerta. Le dije con autoridad. -Luego me vas a dar el dinero y no te va a pasar nada. El Poeta se había movido como unos cuatro pasos hacia el lado izquierdo de la fila, la cual era formada por otras cuatro personas que esperaban para hacer sus transacciones. De reojo vi que él también le enseñó a todos, disimuladamente la “fusca” que traía fajada para que se estuvieran tranquilitos. La demás gente, alrededor, caminaba como caminan las hormiguitas cuando están cerca de sus nidos, atareadas, en lo suyo, sin reparar en lo que sucede a su alrededor, enajenadas del peligro cuando este acecha. La Casa de Cambio Himuka, estaba siendo asaltada. La joven quedó paralizada. La tomamos completamente por sorpresa. Se me quedó viendo fijamente a la cara; estática. Los otros clientes… también quedaron suspendidos en el espacio de la incredulidad, del asombro; ahora, sin voltear a verlos, sé que todo está bien; el Poeta tiene el control, es seguro. -¡Que abras la puerta pendeja! Le grité, ahora con cara de amenaza. Ella empezó a levantarse (como en cámara lenta) del banquito en el que estaba sentada. Se dio cuenta que no tenía opción, fue sorprendida por completo, no tuvo tiempo ni siquiera de encomendarse al Sagrado. Empezó a abrir la puerta con lentitud de susto. Cuando la abrió le ordené que se parara en la otra esquina del pequeño local. Lo hizo. Corrí hacia adentro; saqué dos costalitos de manta delgada que llevaba para este preciso momento; era un material parecido al de los saquitos de harina que venden en la Ley. Ahora sí, las circunstancias estaban a mi merced. No había tiempo que perder. Le aventé el primer costal y le hice señas con la pistola. Ella las entendió. Cuando empezó a llenar los costales la paré en seco con un grito sórdido: -¡Los dólares primero hija de tu pinche madre! -Ya no quedan muchos (contestó con una voz angustiada) -Me vale madre pendeja; los dólares primero. Empezó a sacarlos como con miedo. -Más rápido que no tengo tu pinche tiempo, (le grité) El transcurrir del tiempo se sentía como una eternidad, aunque apenas iban cincuenta y tres segundos desde que empezó “mi turno”. Al fin, los dos costales casi se llenaron con paquetes de billetes de a veinte dólares y billetes mexicanos de alta denominación. La operación casi terminaba. Lo que quedó en las arcas metálicas fue casi nada. Salí; le tiré un costal al Poeta. Le dije que se fuera él primero; lo hice porque él tenía que cruzar la calle para poder llegar a su auto. Yo me quedé deteniendo a los clientes y a la chica del local. Como quince segundos después empecé a retirarme, caminando; pero apenas había dado unos pasos cuando los testigos empezaron a gritar como desaforados. -Llamen a la policía; rápidooo. Asaltaaaron la casa de cambiooo La chica ni siquiera sonó la alarma; empezó a temblar de tal manera que tuvo que ser atendida por uno de los que estaban ahí. -Llamen una ambulancia (gritaba éste) La faena había tardado menos de dos minutos. No sé que sucedería con el Poeta; creo que todo le fue bien. Yo me dirigía al auto del Zapatos cuando de pronto… ¡en toda la madre! (pensé en voz baja). Como dos autos antes de donde se encontraba estacionado el Zapatos, una patrulla municipal había detenido a un conductor debido a una infracción de tránsito. Aún no se percataban de lo que estaba sucediendo a unos cincuenta metros de donde ellos se encontraban, pero no tardarían mucho en hacerlo; era muy probable que los putos aullidos de los gritones de la casa de cambio pudieran escucharse hasta donde estaba la patrulla. A estas alturas yo ya estaba más o menos como a unos veinte metros de los placas. La cantidad de gente que transitaba en esa área era un poco menos que la que había por la casa de cambio. ¡chingaos! parece que no había probabilidad alguna de llegar al auto del Zapatos –pensé- miré todos los alrededores; si, toda posibilidad de lograrlo parece descartada; los putos placas me iban a torcer antes de llegar ahí. Traté de comunicarme a lo lejos con el Zapatos. Yo siempre le había pegado carrilla de miedoso, pero esta vez no se le veía nervioso, ni asustado. Quizá algo desconcertado, pero era todo; cuando volteó a verme, de manera rápida le hice señas de que se fuera; no lo hizo; se quedó ahí; esperando no sé que cosa. Era obvio que las circunstancias no cambiarían y que el peligro era inminente. Las instrucciones para “nuestros choferes” eran de que si el Poeta o yo nos veíamos en una situación “de ese tamaño”, ellos deberían permanecer impávidos, como si nada y largarse de ahí. A menos que fuera absolutamente seguro que nos podrían ayudar, entonces deberían intentarlo. Ese era el plan. No había absolutamente ningún motivo para que el chingao Zapatos se sintiera mal por no ayudarme en esta situación. Era tiempo para empezar a agilizar mi paso; lo hice; empecé primero a medio trotar, después, a correr un poco más rápido; a pesar de ello sentía que no avanzaba; era como si lo estuviera haciendo en cámara lenta; como si me hubiera quedado estacionado en el mismo lugar del espacio a pesar de mis aguerridos intentos por seguir hacia delante. En ese momento, no sé porqué, mi mente empezó a hacer un viaje regresivo a través del tiempo, empecé a hacer un recuento de los años pasados; desde mi infancia; cuando todos éramos niños aún. Al Zapatos (igual que al Poeta y al Pulpo) los conocía desde entonces, desde que éramos morrillos. Crecimos en la misma colonia; fuimos juntos a la escuela primaria; después a la secundaria. Ya en la prepa nos separamos; finalmente tres de nosotros nos salimos de la escuela, aunque siempre decíamos que íbamos a regresar. El único que había continuado era el Poeta; él ya asistía a la UABC (Universidad Autónoma de Baja California) donde estaba tomando la carrera de Artes y Letras, su especialidad era la literatura hispana. Recordé que siempre nos contaba las cosas que aprendía; le gustaban mucho los temas medievales; la historia, la sociedad y los gobiernos del medievo eran su fuerte; era de lo que más nos hablaba; el cabrón enfadaba a veces con todas esas chingaderas. (Por eso le habíamos puesto ese apodo) Entonces volví a la realidad. El Zapatos se había salido del auto y ahora estaba junto al taxímetro; hacía como si una moneda se le hubiera atorado en el aparatillo y estuviera tratando de recuperarla; giraba la perilla de la máquina con vehemencia, para, según él, liberarla de su metálico aprisionamiento. Si, parecía que eso trataba de simular. Yo veía las cosas de una manera diferente a mi amigo. Los planes son para seguirlos hijo de tu pinche madre –pensé- pero él, él continuaba allí y al pendejo no se le veían intenciones de largarse. Bueno, de cualquier manera, dadas las circunstancias ya sabía que me la tenía que rifar solo. Desafortunadamente, las cosas sucederían de la manera más culera posible. Precisamente cuando yo estaba ya casi frente a los oficiales, uno de ellos, el que estaba escribiendo la infracción volteó su cuerpo hacía el lado de donde yo venía, aunque aún no se llegó a percatar de la situación; los clientes de la casa de cambio cuando alcanzaron a ver la patrulla desde donde estaban, se envalentonaron y empezaron a correr tras de mí; los hijos de su pinche madre no dejaban de gritar: -Agárrenloooo, robó la casa de cambioooo. Yo había empezado a caminar más aprisa; luego a trotar ligero, pero rápido me calmé; pensé que le iba a despertar sospechas al chota aquel. ¡chingados! ahora si, me encontraba en un serio problema; no podía regresar hacía la casa de cambio porque iba a quedar “encajonado”. Además, de un momento a otro iban a llegar más policías pues de seguro ya se había dado la alarma. Tenía que rifármela y seguir de frente; como iba; hacia el este; como lo habíamos estudiado en los mapas unas horas antes; aunque hacia allá estuviera la placa, hacia allá era la vía de escape y hacia allá tenía que dirigirme. Pensé que si quería escapar tenía que empezar a correr otra vez; empecé a trotar; para colmo de males, cuando empecé a hacerlo el oficial que estaba escribiendo la multa, volteó de nuevo; ahora si me vió venir hacia él, lo peor fue que al mismo tiempo se dio cuenta que aquellos cabrones me venía siguiendo; su olfato de puerco le indicó que algo pasaba; habría que averiguar lo qué era. Éste chota estaba parado en la calle dando la infracción; como a tres metros de la banqueta. Había también otro, pero adentro de la patrulla. Las cosas a continuación sucedieron en menos de un minuto. Cuando el oficial que estaba dando la infracción alcanzó a oír lo que mis perseguidores gritaban, no dudó en creerles; entonces se acercó hasta la orilla de la banqueta como para esperarme a que yo llegara hasta ahí. Cuando yo ya estaba casi enfrente de él, me detuve; el puto ya había desenfundado y me estaba apuntando con su pistola. Me había ordenado que me hincara volteado contra la pared. No me la podía rifar, no tenía posibilidad contra él; ya me tenía encañonado; tuve que hacer lo que me ordenaba. El otro pinche placa también se había dado cuenta del rollo y empezó a salir de la patrulla. Ora si chingué a mi madre –pensé mientras me daba vuelta contra la pared- De pronto, el pinche Zapatos, que estaba como a cuatro metros del policía que me apuntaba, se abalanzó contra éste con tal fuerza… que bien se le podía haber comparado con la fuerza de un pinche toro de lidia que acaba de ser echado al ruedo. Al hacer impacto con su objetivo logró darle un empujón tan fuerte y con tan gran sorpresa que el puto placa fue a caer aparatosamente en la pequeña brecha que se formaba entre la banqueta y la parte frontal del auto que ahí estaba estacionado. El oficial se quedó tirado, no se podía levantar; había quedado grogui. Mientras tanto, el otro policía que ya había salido de la patrulla, al ver lo sucedido sacó también el cuete, encañonó al Zapatos y sin misericordia, casi a quemarropa le dejó ir tres tiros; uno de ellos, el último, se lo pegó en la garganta. Mi amigo cayó de bruces en la orilla de la banqueta, pero por el peso de su cuerpo, al caer, dio como una media vuelta y terminó encima del agente que él mismo había derribado unos momentos antes, el chota aún no lograba recuperarse del pinche madrazo que se había dado, primero por el empujón recibido y luego por chocar con el auto que ahí estaba estacionado. Tras los tiros, la gente que pasaba por ahí empezó a correr despavorida en todas direcciones; buscando instintivamente la protección del puto pellejo. Yo me había levantado de donde me ordenaron que me hincara. El segundo placa, tras balacear al Zapatos, ahora giraba su cuerpo para dispararme a mí también. No lo iba a lograr; yo ya le llevaba ventaja y no le iba a dar tiempo para que diera el giro completo. Además, me había dado cuenta que las heridas que el puto le había hecho a mi compañero eran de gravedad, y por eso, el güey no se me iba a ir en blanco. Cuando él ya casi terminaba de girar por completo le dejé ir los dos primeros. Lo agarré como a tres metros; los dos se los metí en el pecho; trastabilló un par de veces y cayó en seco; como cae un puerco en el matadero después que le meten el puñal de sacrificio. La pistola se le había escapado de sus manos al caer; me le acerqué; lo vi a la cara; entonces noté algo raro; las pupilas le estaban girando vertiginosamente alrededor de sus ojos; le giraban como le giran a una persona cuando está soñando mientras duerme; porque son los soñadores los que experimentan el fenómeno conocido como movimiento rápido de los ojos (MRO). Bueno, como quiera que sea, así estaba ese cabrón. Hijo de toda tu puta madre, (pensé en voz alta). El de gracia no se lo pegué en la frente, se lo dí en la garganta; así como él se lo había pegado a mi compa. Me dirigí entonces al otro placa; éste todavía estaba medio apendejado, trataba, sin poder lograrlo, de quitarse al Zapatos de encima para poder levantarse. Se dio cuenta que me acercaba pero no había nada que pudiera hacer; me paré frente a él; por su manera de actuar, no creo que siquiera hubiera podido pensar con normalidad en ese momento; se quedó impávido; con cara de pendejo; sin atinar siquiera a pedir clemencia; después de tener el control de la situación, la vida le había hecho una jugada aberrante y grotesca; lo intenso, de su estado emocional le había provocado un bloqueo mental; tal vez experimentaba un estado de regresión como yo lo había hecho unos minutos antes. Finalmente, cuando me vio de pie, parado frente a él, no pudo decir nada; y nunca más volvió a decir nada. A su compañero, el de gracia se lo di en la garganta; a este sí se lo pegué en la frente; se le hizo un punto en el lugar y le empezó a correr un chorrillo de sangre. Después, la cabeza le dio un giro final; quedó volteando hacia el auto al que le estaba levantando la infracción, como si hubiera recordado que esta había quedado sin terminar; la última infracción de su vida había quedado incompleta. Jalé al Zapatos hacia arriba de la banqueta; lo puse acostado boca arriba; él reaccionó; estaba temblando; me miró; era una mirada como muy lejana; sentí que con ella me quería dar un mensaje; como si me estuviera pidiendo auxilio; como si en silencio me estuviera gritando que lo sacara de ahí; que tenía miedo. No sé; puedo haber estado equivocado, pero esa fue la sensación que sentí al verlo allí; eso fue lo que percibí de él en ese momento. Una vez más, inconscientemente me transportaba al pasado; mi mente empezaba otro viaje regresivo; aún éramos unos pinches jovenzuelos “y para variar” nos habíamos agarrado a chingazos con otros putos que andaban ahí; era una fiesta en un parque; un dieciséis de septiembre y se celebraba, claro, el Dia de la Independencia . En aquella ocasión, al Zapatos le habían dado un putazo en la nariz y había quedado medio atarantado; se había caído por el chingazo y estaba en elsuelo; cuando lo vi, me acerqué a él; me acuerdo que aquella vez, con una mirada como la de hoy me dijo despacito: –Levántame pinche Ronco (así me decían a mí) Lo ayudé a que se levantara y traté de reanimarlo; teníamos que zafarnos de ahí; ya la chota había llegado porque le habían avisado del pleito. El recuerdo fue fugaz; breve; sin embargo, en ese exiguo periodo de tiempo, de tan solo unos diez segundos, mi mente había viajado para revivir esa ocasión y me acordé, casi con lujo de detalles lo que había sucedido entonces con el Zapatos; habían ya pasado como diez años desde entonces. Regresé a la realidad; ahora, la mirada del Zapatos ya no era suplicante, era más bien fría; sin temor; como si ya no le importara quedarse ahí; solo; como si ya no necesitara mi ayuda, ni la de nadie. Lo jalé del pelo con desesperación; quería que le doliera la cabeza con el jalón de greñas que le había dado. Le di tres cachetadas fuertes; nada; ninguna repuesta de su parte. Volví a buscarle la mirada; esta vez,cuando le vi a los ojos de nuevo sentí como si ahora se burlara de mí; como si me reclamara el que yo siempre le había pegado carro de culo y ahora, en probado póstumo heroísmo me echaba en cara que yo siempre estuve equivocado; reaccioné; ahora lo entendía; en realidad él si había seguido los planes hasta el final; se había quedado porque estaba seguro de que en ese momento si me podía ayudar; ahora se había ido por su lado después de haber logrado su cometido; lo solté con cuidado y con cuidado lo acomodé en el suelo; como si eso fuera tan importante a esas alturas. Quedé medio aturdido pero inmediatamente recuperé conciencia del espacio y tiempo en que me encontraba; recordé que a los primeros cuetazos la gente había corrido hacia todos lados; despavorida; en un conservador instinto de supervivencia; pero ahora el pinche chisme los impelía a acercarse de nuevo al lugar, se acercaron como con sigilo y formaron una rueda; una puta rueda tétrica; se acercaron a los cadáveres como la pinche ave rapiñenta se acerca a su apestosa carroña al percatarse de su mortal existencia.. Desde que me había tocado mi turno en la casa de cambio hasta ahora habían pasado como ocho minutos, más o menos, y ya el área se estaba llenando de marranos. Quise apresurarme a salir de ahí, todavía traía la feria conmigo; el auto del Zapatos estaba ahí, estacionado, corrí hacia él; las llaves no estaban pegadas en el puto “switch”; regresé presuroso a donde estaba “acostado” el Zapatos y le pregunte entre dientes: -¿donde están las llaves cabrón?. Le metí las manos en la bolsa izquierda de su chaqueta; nada; las busqué en la bolsa derecha; ahí las tenía. Regresé corriendo hacia el auto; estaba abriendo la puerta cuando de repente sentí dos piquetes calientitos en el cuerpo, luego uno más quemante; el primero había sido en el hombro derecho, el segundo en la pierna izquierda, el último como que nomás había sido un rozón, fue con el que había sentido la quemada; no alcancé a subir al carro; sentí que todas las cosas daban vueltas; caí; alcancé a oír, como si fuera muy lejanamente que alguien gritaba: -No vayan a matarlo al hijo de puta; se chingó en el Güero y en el Aguirre. De repente sentí un golpe en la cabeza; no supe cuantos más me dieron. Perdí la noción del tiempo, no sé cuantos minutos o quizá horas habrían pasado; el asunto es que yo ahora me encontraba en una ambulancia; sentía dolores terribles en todo el cuerpo; los puercos se ensañaron conmigo –pensé- La ambulancia me trasladó al Hospital General. A pesar de los cuetazos y de la chinga que me habían acomodado yo no estaba inconsciente, pero no estaba del todo conciente tampoco; cuando los paramédicos me estaban subiendo a la ambulancia un placa se me acercó y me dijo: no te la vas a acabar hijo de tu putísima madre. En el hospital, un hombre vestido de traje azul claro y con una pequeña boina del mismo color se disponía a ponerme una inyección intravenosa; tal vez un sedante; nos quedamos viendo fijamente uno al otro. En el mismo momento que el fármaco empezaba a mezclarse en mi torrente sanguíneo, empezé a penetrar mentalmente en una de las historias que el poeta solía contarnos; era acerca de la edad media; la estaba visualizando; frente a mí estaba una plazuela; era tipo medieval; Las construcciones eran hechas de piedras enormes empalmadas unas arriba de otras sin haber usado para su unión ningún tipo de argamasa. Los cortes de las piedras de las construcciones habían sido hechos con tal perfección que una hoja de cuchillo no cabría entre sus uniones. La gente estaba vestida con ropas holgadas; unos iban, otros venían; las calles eran sucias y polvorientas; la pobreza se veía flotar en el aire… Continuará Tláloc Conozca Chicali (haga click) Vocabulario de mexicalismos: Chicali————————Mexicali La linea—————————- linea divisoria entre USA y EUM Emigrados————————individuos que pueden vivir en USA “legalmente” Filoso——————————-derivación del inglés field (campo) Ej. Algunos individuos trabajan en el filoso Nopal agringado—————-dícese de los mexicanos que residen en gringolandia le cuelga ----------falta mucho refinar ------------comer Jando———————————-dinero Jale————————————-trabajo Feria———————————dinero Nos hacen una esquina———-nos ayudan Calmaba al Poeta—————-esperaba al Poeta lucas güeros———————-dólares hacer de pedo———————-protestar michi y michi———————-mitad y mitad güey————————————expresión de cariño a los amigos y de repudio a los demás cabrones cuete————————————pistola la nueve——————————-un tipo de pistola la super——————————-un tipo de pistola tacos de perrego——————-tacos de borrego ranfla————————————automóvil fusca————————————-pistola morrillos———————————niños chotas, placas, puercos, cerdos—policias switch———————————- inglés para interruptor, encendedor, arrancador le pegaba carro—————————- le hacía burla; lo ridiculizaba culo————————————————miedoso Con esto trato de clarificar algunas palabras que son comunes entre los mexicalenses que tienen un nivel educativo / cultural bajo. Aunque algunas de estas palabras con el tiempo se han llegado a aceptar en un amplio sector social y en sus diferentes estratos

Libérate

p{color: blue;font-size:16px}. *Libérate* p{color: blue;font-size:15px}. Cuando el cielo sea azul y las nubes transparentes Cuando el arco solar irradie esplendoroso Cuando la oscuridad perpleja haya partido, escurriéndose cobarde en intangible sueño, Entonces, levanta tu frente, eleva tu mirada, Ha llegado la hora de luchar por lo perdido. p{color: blue;font-size:16px}. Cuando victorioso Tonatiuth con luz potente muestre su límpido reflejo en tersa aurora Cuando las tinieblas huyan de la luz candente en el último silo del consciente ya perdido Entonces, levanta tu frente, eleva tu mirada Luchemos, para no ser más los reprimidos. p{color: blue;font-size:16px}. Cuando tus pupilas perciban de la infinita altura el fulgor incandescente que da vida ¡Mira a lo alto! en el cielo, afanoso un oratorio donde nuestros ancestros bailan en presencia eterna Son danzas intangibles de perennes repertorios Así interceden por nosotros y nos guían hacia la gloria p{color: blue;font-size:16px}. Cuando veas en lo alto a Tonatiuth ofreciendo el incienso que libera Es tiempo de luchar contra el maligno, De apagar a Cuauhtémoc esa hoguera, De revivir perdidas esperanzas, Quizá escondidas por nosotros mismos En algún lugar recóndito del alma. Tláloc

Atraco en Mexicali

p{color: purple;font-size:18px}. *El golpe* p{color: purple;font-size:18px}. El día sábado, por la mañana, el Poeta y yo decidimos que teníamos que realizar el atraco. Ayer viernes había sido día de paga para muchos, pero aquí en Chicali eso no es tan importante que digamos. Aquí, las casas de cambio que proliferan cerca de la puta “línea” siempre se mantienen ocupadas. Los pinches emigrados que trabajan en el “filoso”, en el Valle Imperial, van y vienen a diario y a diario cambian sus dólares por pesos. Además, como en “el otro lado” celebran el día de no se quien chingados, los de allá iban a tener un fin de semana largo, (como ellos mismos le dicen, al traducirlo transliteralmente del inglés “long weekend”). Entonces, la gente que vive en Los Ángeles y sus alrededores se deja venir pa’ Chicali el viernes por la tarde, se regresa hasta el lunes para entrar a trabajar el martes. Pero eso a nosotros que, el asunto es que al venirse toda la bola de nopales agringados, cuando llegan aquí, también compran pesos. Para ellos es económicamente más conveniente hacerlo de esa manera. De modo que esas pinches casitas de cambio deberían estar cargaditas de “jando” para poder hacer sus tranza-acciones sin contratiempos, en un día tan ocupado como estos. p{color: purple;font-size:18px}. Ya lo habíamos estado calculando desde antes. En la cuchilla que forman la Av. Madero y el Blvd. López Mateos cuando topan con la Melgar, está la Casa de Cambio Himuka. Por ahí no le hemos “pegado” nunca. La semana pasada fuimos dos veces a merodear el área, nomás pa’ ver como corría el agua por ahí. Uno de los días que fuimos era precisamente sábado, igual que ahora. Como a cien metros de allí, al noroeste, está la chingada garita; por eso, como a las once de la mañana es un puto gentío en ese lugar; unos van para el otro lado, a hacer compras de artículos que allá son más baratos, otros ya vienen. Pero como a eso de las dos de la tarde, empiezan a regresar los que trabajan en el “field” y entonces el tráfico a pie, y en automóvil, se hace mucho más pesado. Por eso concluimos que como a las tres, más o menos, sería buena hora para aventarnos el “jale” p{color: purple;font-size:18px}. Eran apenas las ocho de la mañana y estábamos tomando las cosas con calma. Ya habíamos quedado con el Zapatos y con el Pulpo; ellos nos iban a hacer “una esquina” y les íbamos a pasar “una feria” por ello. Ya nos habían ayudado antes. Iban solo como chóferes. Dos chóferes para dos autos. El Poeta y yo pensábamos que así era mejor. Se estacionaban en lugares diferentes y siempre, el Zapatos me esperaba a mí; el Pulpo “calmaba” al Poeta. Era como la cuarta, o quinta vez que nos ayudaban y nunca habíamos “torcido”; esto, como en un periodo de dos años más o menos. La última vez nos fue bien, nos llevamos quince mil “lucas güeros”. Les dimos dos al Zapatos y dos al Pulpo, y que no “la hicieran de pedo”, porque había otros que estarían dispuestos a ayudarnos si ellos se querían “pasar de lanza”. El resto de la feria, que eran once, nos los repartimos “michi y michi” entre el Poeta y yo. De eso hace ya como cinco meses, más o menos y por eso andábamos secos. Necesitábamos aventarnos el “jalecito”. p{color: purple;font-size:18px}. -Que onda Poeta (le digo a manera de saludo al encontrame con él ese día) -Que onda güey (me contesta) -¿Listo? -simón -¿traes “cuete”? -simón -¿cuál? ¿la nueve? -ei, ¿y “ostión”? -la súper, como que me da suerte, no sé... esa llevo. -órale, ¿a que horas van a venir aquellos cabrones? -Les dije que las diez y media. A más tardar. -Todavía le “cuelga” compa. Vamos a “refinar” algo ¿no? -Órale. ¿qué tal unos taquitos de perrego? El Poeta acepta la sugerencia y contesta: -vamos pues. p{color: purple;font-size:18px}. Terminamos de comer… todavía estábamos en el lugar hablando de chingaderas sin importancia. En eso vibra mi celular; era el Zapatos. (contesto la llamada) p{color: purple;font-size:18px}. -Que onda guey. Simón, ¿ya habíamos quedado no? Ni un minuto más tarde cabrón; es bien importante. Ya sabes. Órale. ¿cómo anda tu ranfla? ¿le echaste gasolina? Órale. Bueno… a esa hora exactamente, ¿ya sabes no? Bueno. Oye, antes que cuelgues; mira, hazme un favor. Llámale al pinche Pulpo y pregúntale que como está todo. Que como está su carro; bueno ya sabes ¿no? de todo. Ok, mira, en caso de algo me llamas ¿no?. Si todo está bien nos vemos a las diez y media donde ya sabes. Dile al cabrón que a las diez y media. Exactas; ¿ok? p{color: purple;font-size:18px}. -¿Todo bien? Pregunta el Poeta al terminar yo la conversación. -Parece que sí (le contesto con cierta reserva) p{color: purple;font-size:18px}. A las diez y media llegaron el Zapatos y el Pulpo, cada uno por rumbos diferentes. Como habíamos quedado, en la Mini Unidad Deportiva. Jugamos un dos-dos de básquetbol, o al menos lo simulamos muy bien. Sudorosos nos sentamos en el pasto, a un lado de la cancha, pero algo retirado de donde están los demás visitantes del complejo. p{color: purple;font-size:18px}. Empezamos la última charla antes de irnos a ejecutar el plan. Saqué el mapa que había trazado con anterioridad. El Poeta y yo ya lo habíamos estudiado varias veces. Además de haber anotado minuciosamente nombres de calles; anoté también uno por uno los de locales comerciales; lugares públicos; paradas de taxi y de autobús; distancias; incluso, hasta cuantos pasos había de un lugar a otro en tres cuadras alrededor. Absolutamente todo estaba por nombre y provisto de distancias precisas. Lo estudiamos como por más de tres horas; lo vimos desde diferentes ángulos; lo comparamos con un mapa que abarcaba diez cuadras alrededor y después con otro más grande. Por cuales calles había salida, para donde; por cuales no; cuales eran las más transitadas, cuales menos. Planteamos posibles dificultades, como librarlas. Medimos el tiempo que haríamos de un lugar a otro caminando aprisa, trotando, corriendo. Fue, en fin, un estudio minucioso del plan. Todo estaba listo. p{color: purple;font-size:18px}. A las dos llegamos al “área de trabajo”. Nos estacionamos en el Parque Hidalgo; dejamos allí el auto del Pulpo; él y el Poeta se subieron con nosotros. Dimos algunas “vueltas” alrededor del lugar. Era un tráfico de la chingada. El bulevar López Mateos era el más atestado. El escape debería ser por la Madero o por la Reforma. Una de las dos. p{color: purple;font-size:18px}. Las tres y media. Se estaba haciendo tarde pero todo parecía ya estar listo. Sabíamos que el asunto era una daga de dos filos; peligroso por la cantidad de gente que había en el lugar; pero al mismo tiempo, la circunstancia nos favorecía. No se esperaría que alguien se atreviera a hacer una chingadera de esas con tanta gente alrededor; de manera que aprovecharíamos el factor sorpresa. p{color: purple;font-size:18px}. El Zapatos está estacionado como a media cuadra del lugar del golpe, por la López Mateos, con dirección al Este. El Pulpo, como a la misma distancia pero por la Madero, esperando al Poeta. estense truchas cabrones; no vamos a tardar mucho, les dijimos al salir del auto. (Al menos eso esperábamos). p{color: purple;font-size:18px}. Ya era yo el próximo en la línea para ver a la cajera. Ella estaba sola. El lugar era pequeño, como una caseta. Pero de seguro con muchos billetes adentro (pensé) La ventanilla es de cristal, pero del blindado; en la parte de abajo solo hay un pequeño semicírculo por donde se hace el intercambio de dinero. La persona que atendía el negocio era una mujer hermosa, de tez morena clara, con el pelo pintado color castaño, más o menos como de unos treinta años de edad. Su rostro estaba maquillado con buen gusto y estaba vestida con elegancia. Sin duda era familiar del propietario. Su sonrisa no era forzada, atendía a la gente con amabilidad y cortesía. No se le veía cansada. Por el contrario, estaba alerta a lo que pasaba a su alrededor. Me sentía con algo de tensión. Bueno, ahora si; ya sigo yo… p{color: purple;font-size:18px}. -¿Le puedo ayudar? (Me dijo con tono amable) Me acerqué más a la ventanilla y le contesté haciendo facciones de advertencia: p{color: purple;font-size:18px}. -Señorita, por favor mantenga sus manos arriba del mostrador… nooo las vaayaas a mover hacia abajooo; (regularmente es donde se encuentra el activador de la alarma y tiene conección telefónica con la policía) Mantente calmadita mija. Le enseñé la “súper” que traía en mi mano derecha, para intimidarla. p{color: purple;font-size:18px}. -ábreme la puerta. Le dije con autoridad. -Luego me vas a dar el dinero y no te va a pasar nada. p{color: purple;font-size:18px}. El Poeta se había movido como unos cuatro pasos hacia el lado izquierdo de la fila, la cual era formada por otras cuatro personas que esperaban para hacer sus transacciones. De reojo vi que él también le enseñó a todos, disimuladamente la “fusca” que traía fajada para que se estuvieran tranquilitos. La demás gente, alrededor, caminaba como caminan las hormiguitas cuando están cerca de sus nidos, atareadas, en lo suyo, sin reparar en lo que sucede a su alrededor, enajenadas del peligro cuando este acecha. La Casa de Cambio Himuka, estaba siendo asaltada. La joven quedó paralizada. La tomamos completamente por sorpresa. Se me quedó viendo fijamente a la cara; estática. Los otros clientes… también quedaron suspendidos en el espacio de la incredulidad, del asombro; ahora, sin voltear a verlos, se que todo está bien; el Poeta tiene el control, es seguro. p{color: purple;font-size:18px}. -¡Que abras la puerta pendeja! Le grité, ahora con cara de amenaza. Ella empezó a levantarse (como en cámara lenta) del banquito en el que estaba sentada. p{color: purple;font-size:18px}. Se dio cuenta que no tenía opción, fue sorprendida por completo, no tuvo tiempo ni siquiera de encomendarse al Sagrado. Empezó a abrir la puerta con lentitud de susto. Cuando la abrió le ordené que se parara en la otra esquina del pequeño local. Lo hizo. Corrí hacia adentro; saqué dos costalitos de manta delgada; era un material parecido al de los saquitos de harina que venden en la Ley. Ahora sí, las circunstancias estaban a mi merced. No había tiempo que perder. Le aventé el primer costal y le hice señas con la pistola. Ella las entendió. Cuando empezó a llenar los costales la paré en seco con un grito sórdido: -¡Los dólares primero hija de tu pinche madre! -Ya no quedan muchos (contestó con una voz angustiada) -Me vale madre pendeja; los dólares primero. p{color: purple;font-size:18px}. Empezó a sacarlos como con miedo. p{color: purple;font-size:18px}. -Más rápido que no tengo tu pinche tiempo, (le grité) p{color: purple;font-size:18px}. El transcurrir del tiempo se sentía como una eternidad, aunque apenas iban cincuenta y tres segundos desde que empezó "mi turno". Al fin, los dos costales casi se llenaron con paquetes de billetes de a veinte dólares y billetes mexicanos de alta denominación. La operación casi terminaba. Lo que quedó en las arcas metálicas fue casi nada. Salí; le tiré un costal al Poeta. Le dije que se fuera él primero; lo hice porque él tenía que cruzar la calle para poder llegar a su auto. Yo me quedé deteniendo a los clientes y a la chica del local. Como quince segundos después empezé a retirarme, caminando; pero apenas habia dado unos pasos cuando los testigos empezaron a gritar como desaforados. p{color: purple;font-size:18px}. -Llamen a la policía; rápidooo. Asaltaaaron la casa de cambiooo p{color: purple;font-size:18px}. La chica ni siquiera sonó la alarma; empezó a temblar de tal manera que tuvo que ser atendida por uno de los que estaban ahí. p{color: purple;font-size:18px}. -Llamen una ambulancia (gritaba éste) p{color: purple;font-size:18px}. La faena habia tardado menos de dos minutos. No sé que sucedería con el pulpo; creo que todo le fue bien. Yo me dirigía al auto del Zapato cuando de pronto... Continuará... Tláloc __

Un domingo más

Un domingo más Estoy sentado frente a la rectangular ventana que instantáneamente me conecta con el resto del mundo. En la habitación contigua mi hermano menor ve, a través de otra ventana, electrónica también aunque de funciones más limitadas, un programa deportivo. Es un partido de fútbol. Hasta aquí alcancé a escuchar que se juega el clásico tapatío. Mi hermana ha estado enclaustrada en su habitación durante toda la mañana, intentando terminar sus compromisos escolares, los cuales con toda seguridad deberá entregar durante la semana entrante. Terminó su licenciatura y ahora toma un curso para obtener su certificado de enseñanza. Mi madre, insistente, sigue llamando desde la cocina, que la comida ya está servida, que ya nos vayamos a desayunar, permanecemos impávidos. Es domingo, hoy no se trabaja ni se va al colegio; tampoco, en mi mente existe el más mínimo deseo de dirigir mi cuerpo hacia ninguna clase de aporreo físico. En lo que pudiera parecer una contradicción, hoy, desgraciadamente no surgió ninguna invitación para ir a hacer desmadre, o para ir a chingar por ahí. Uso las palabras desmadre y chingar con la más completa intención de hacer honor a la reputación que tenemos los mejicanos, de ser los usuarios más fecundos de tan coloquiales vocablos. Por ejemplo, con los sustantivos madre y chinga el mejicano ha inventado un gran ramillete de bifurcaciones tales como desmadre, madrazo, madriza, madral, madrota, madrecita, madrina. También, chingada, chingaste, chingar, chingadazo, etc. Ambos términos (dicho sea de paso) parecieran haber adquirido propiedades magnéticas que los atraen mutuamente. Así como los minerales imanescos en sus polos opuestos crean una extraña fuerza de atracción entre ellos. Igualmente las palabras madre y chingar, tienen un magnetismo unificador y mediante una elocuente conjunción el populacho forma la común frase: chinga tu madre. Esta frase tan popular, tan acostumbrada, tan familiar; unas veces repudiada y otras celebrada; puede denotar coraje, broma, frustración, o regaño. El asunto es que, entre ambos vocablos existe la tendencia innata a unirse en loco idilio con la agresiva constancia con que lo haría una pareja de recién casados. En fin, no era necesariamente de la riqueza folclórica de nuestro lenguaje de lo que quería hablarles, sino de mi circunstancia dominical. Mi hermano salió momentáneamente y regresó para ver el segundo tiempo del partido Chivas – Atlas. A los veintiocho minutos El rebaño sagrado perdía por tres goles a cero. Mi hermana pasó por aquí pero ni siquiera volteó hacia donde yo estaba; dos minutos después regresó, pasó de la misma manera que la primera vez, absorta, ensimismada, tal vez enojada, no sé. Por enésima vez nuestra madre nos llama, ya no de la misma manera que antes; ahora grita, como si estuviera enojada. Me levanto, entro a la cocina, ah... huevos rancheros, si lo hubiera sabido me habría ido antes. Vengo de regreso, solo para despedirme y apagar la ventana que me conecta al mundo. Tal vez más tarde regrese a la conexión electrónica para tener un nuevo encuentro virtual con ustedes; no sé. Sin mucho que hacer, este es solo un domingo más, para la estadística, es todo. Ah, debo aclarar que la observación en cuanto a la chingada, no es mía, sino de Octavio Paz y que fue hecha pública por él en _Los hijos de la Malinche_ ensayo incluido en _El laberinto de la soledad_ en 1950. (Haga clic en cualquiera de ambos títulos para mas información) Que disfruten el resto de la semana, Tláloc


Como diciendo... ¿y mi pollo? ¿ping? ¡pong 1!